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Por qué nos da miedo ir al ginecólogo (pero no debería)

Vida Sana

Si te aterra visitar al ginecólogo, no estás sola. Estas son las razones por las que a muchas nos da miedo y las que hay para que esto no siga ocurriendo

Tenía 18 años la primera vez que fui al ginecólogo; mi madre estaba en la habitación conmigo cuando el médico me preguntó si había estado teniendo relaciones sexuales. Respondí "no", porque era la verdad. El médico me miró con recelo y, cuando mi madre salió de la habitación, me preguntó otra vez, diciéndome que podía ser sincera ahora que mi madre no estaba allí. Estaba claro que el médico no confiaba en que yo dijera la verdad sobre mi historial sexual. Me sentí juzgada y como si no me estuvieran tomando en serio. Fue una experiencia que ha tenido un efecto duradero: siempre temo mis citas anuales. Y sé que no estoy sola.

La reticencia al acudir al ginecólogo es bastante común entre las mujeres jóvenes, y es un tipo diferente de desagrado que el que se tiene cuando hay que hacer una visita al dentista. Las mujeres que odian visitar al ginecólogo a menudo lo hacen porque se han sentido menospreciadas y juzgadas, lo que lleva a la vergüenza y a la confusión. Esto es particularmente desafortunado porque ya nos sentimos particularmente vulnerables cuando vamos a este especialista, y cualquier añadido a eso podría hacer que dejemos de querer ir por completo.

Las experiencias negativas en el ginecólogo varían enormemente, pero casi siempre involucran a médicos que realmente no escuchan a sus pacientes. A Stevie Boebi, una educadora sexual y YouTuber queer, le espetaron que "dejara de mentir" cuando le dijo a su ginecólogo que no había besado a un chico, que es lesbiana. Y Allison Stubblebine, asistente editorial de NYLON US, dice que fue juzgada por su actividad sexual. Explica que después de preguntarle a su doctor por el DIU, su médico le "respondió haciendo preguntas precisas sobre por qué necesitaba el control de la natalidad", y me dijo que era demasiado joven "para tener tanto sexo". Desde este encuentro, Stubblebine no ha vuelto a la consulta de un ginecólogo. En su lugar suele frecuentar una asociación de planificación familiar.

Pero no solo se sienten incómodas las personas que van al ginecólogo la primera vez. Como cuenta Lola Pellegrino, enfermera: "Mucha gente miente porque simplemente no quieren que les juzguen". Ella admite que ha omitido partes de su historial sexual si le parecía que no era relevante para la consulta, y "no confiaba en la profesionalidad del doctor". Aunque Pellegrino dice que no ocultó datos necesarios para su diagnóstico y que eran cosas que no le parecían importantes, es llamativo que incluso una profesional de la salud se haya sentido incapaz de revelar su historial sexual a un médico.

Tal vez una de las razones es que muchos médicos se sienten cómodos haciendo preguntas sobre la historia sexual de una persona, pero las que hacen no demuestran ningún entendimiento sobre las complejidades de la sexualidad. Casi todas las personas con las que hablé me contaron que nunca habían hablado sobre el acto sexual o apenas lo habían hecho. A la mayoría nos han preguntado poco más que por nuestros métodos anticonceptivos y cuán sexualmente activos somos.

Temas importantes como el consentimiento y el placer sexual no se mencionan, a pesar de que ayudan a hacerse una idea general de todo lo que rodea la salud sexual de una mujer. Pellegrino señala que en su propia consulta ha cambiado su manera de hablar para ser más inclusiva. Explica: "Siempre te preguntaré: 'Cuando tienes relaciones sexuales con otras personas, ¿es divertido y cómodo el sexo? ¿Alguna vez no lo es?'. Y luego: '¿Hay alguna otra pregunta sobre el sexo que quieras hacerme ahora mismo?'". Cuando se plantean las cuestiones de esta manera, queda claro que no es difícil hablar de ello, pero la mayoría de los médicos no parecen estar interesados en cambiar su enfoque.

Ginecólogos e identidad 'queer'

Esta cortedad de miras suele extenderse a las opiniones de muchos ginecólogos sobre la orientación sexual. Boebi señala que el tema del sexo y los anticonceptivos a menudo se aborda de manera heteronormativa y no es inclusivo: "En mi historial médico dice: 'Método anticonceptivo: LGBT'". También señala que los ginecólogos no parecen entender la identidad queer. "Preguntarán si soy sexualmente activa. Responderé: 'Sí'. Preguntarán si uso un método anticonceptivo. Diré 'No'. Preguntarán si hay alguna posibilidad de que esté embarazada. Otra vez: 'No'", cuenta, imitando la monotonía de las preguntas. "Ellos dirán: 'Entonces, ¿cómo?' Y diré: 'ADIVINA'". Ella bromea diciendo que es "un tipo especial de persona queer porque me encanta cuando la gente se siente incómoda", pero, honestamente, alguien con un título médico debería poder asumir el hecho de que el sexo queer existe.

Ericka Hart, una educadora sexual queer, recuerda que la primera vez que acudió a un ginecólogo fue porque le preocupaba tener el VPH. Su médico cis le dijo que era imposible porque tenía relaciones sexuales con hombres y mujeres, lo cual además de ser fehacientemente falso, es muy bifóbico. "Fue muy despectivo con mi preocupación y mi cuerpo", dice ella. "Me pareció que le irritaba incluso que le hiciera preguntas". El consultorio del ginecólogo no debería ser el lugar en el que las mujeres se callen por miedo, pero a menudo ese es el caso.

Ese silencio también puede llevar a la desinformación. Alison Stevenson, humorista y actriz, dice que le diagnosticaron el síndrome del ovario poliquístico pero no le explicaron bien en qué consistía esta condición, lo que hizo que no entendiera completamente su propia enfermedad. "Casi todas las veces que visitaba a mi ginecólogo me daba una marca nueva de anticonceptivos y ninguna información sobre la enfermedad y lo que significaba para mí a la larga", me dice. "Durante años, no entendí por completo lo que era este síndrome porque mis médicos nunca me lo explicaron. Me decían que intentara bajar de peso y no dejara los anticonceptivos, y ya. Como si eso fuera todo lo que necesitaba saber sobre una enfermedad crónica".

Taylor Bryant, editora senior de NYLON, señala que los ginecólogos pueden ser demasiado clínicos cuando dan un diagnóstico, lo que puede disgustar a los pacientes. Hace un par de años, dice, le diagnosticaron VPH "de una manera casi incómodamente informal". Bryant dice: "Al final la cosa empezó a ponerse bastante seria. Ella no me estaba explicando lo suficientemente bien lo que era la enfermedad... Hasta que empecé a llorar en su consulta, lo que la impulsó básicamente a darme una mini lección de salud ". No es así como debería haber ocurrido. "No debería haber tenido que ponerme a llorar para recibir información sobre lo que está pasando con mi propio cuerpo", argumenta. "Debería haber sido transparente desde el principio para asegurarme, como su paciente, que sabía lo que estaba haciendo y que estaba en buenas manos".



Ofrecer seguridad y otras prácticas como solicitar el consentimiento de los pacientes antes de realizar una prueba, pueden hacer mucho por que la experiencia de ir al ginecólogo sea mejor para un paciente. Hart cuenta que ha estado acudiendo a una clínica de salud LGBTQ llamada Callen-Lorde durante ocho años y está encantada. "Cuando entran en la habitación, piden permiso", dice Hart. "Te explican lo que va a pasar paso a paso: antes de colocar el espéculo, de tomar muestras del cuello uterino, te guían a través del proceso. Así sabes exactamente lo que le está sucediendo a tu cuerpo, como debe ser". No solo servirá para tener un paciente más informado, sino que también puede aliviar los temores.

Boebi coincide: "Si hay algún médico que deba tener en cuenta el consentimiento, la seguridad y la comodidad como prioridades es el ginecólogo". "Me gustaría que [ellos] pidieran consentimiento y te dijeran exactamente lo que están haciendo a lo largo de todo el proceso... Se lo exijo, pero desearía no tener que hacerlo", añade. Señala que, por probabilidad, muchas mujeres han sufrido una violación o "experimentado algún tipo de violencia sexual por contacto" en sus vidas, lo que puede hacer que un examen corporal en la consulta del ginecólogo pueda resultar muy incómodo o incluso traumático.

Stevenson espera que los médicos empiecen a ser un poco menos clínicos en su trato con los pacientes, lo que podría hacernos sentir más seguros y menos juzgados en un espacio donde tendremos que divulgar nuestra historia sexual y exponernos en una camilla. "Prefiero que mis médicos, [y] especialmente mi ginecólogo, me dejen claro que son personas", dice. Si nuestros médicos fueran más llanos, posiblemente no nos harían sentir tan juzgados, un sentimiento que no tiene cabida en la consulta de ningún médico.

Evitar la condescendencia, alimentar la confianza

"Especialmente en el caso de un obstetra o ginecólogo, dado que la experiencia es extremadamente íntima, las mujeres deberían sentirse importantes y con autonomía sobre sus cuerpos, no como si fueran un nombre más en listado", agrega Bryant. Las mujeres no deberían tener que confiar ciegamente en sus médicos, a quienes estamos brindando acceso íntimo a nuestros cuerpos. "Creo que muchas veces los médicos piensan que es nuestro deber, casi, confiar en ellos porque se graduaron en la escuela de medicina y tienen títulos elegantes colgados en sus oficinas", continúa, "pero crear una relación con tu paciente, no ser condescendiente y asegurarse de que esté cómodo es muy importante también".

Parece claro que, por encima de todo, los ginecólogos necesitan una nueva forma de abordar y hablar sobre el sexo. Cada una de las personas con las que conversé para este reportaje había tenido una mala experiencia con un ginecólogo sobre el sexo o la sexualidad, lo cual, aunque no implica que todo el mundo tenga una historia similar, hace pensar que son bastante comunes. Y no deberían serlo. "Los ginecólogos están tratando con nuestro ser más íntimo", dice Stevenson. "Es un entorno en el que debemos hablar de manera honesta y abierta sobre nuestras vidas sexuales, así como sobre nuestros genitales y nuestro sistema reproductivo. Esa apertura es fundamental para obtener el mejor diagnóstico o tratamiento".

Y, como Hart nos recuerda, "tienen que tener mucho cuidado con cómo van a hablar con nosotros cuando, literalmente, somos un espécimen a estudiar sobre una mesa".

Contenido publicado originalmente por Bailey Calfee en NYLON US
Traducción: Laura Caso
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