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Camila Mendes, la única Veronica Lodge que podíamos imaginar

Cine, Series y TV

Camila Mendes, la carismática actriz de 'Riverdale', habla sobre cómo su generación está multiplicando la diversidad en la industria audiovisual

Tienen que pasar unos 30 minutos para que Camila Mendes me mire a los ojos. Las comisuras de la boca se le empiezan a arquear, como las de un gato, hasta formar una sonrisa, y me dice, en una voz más suave que la que había estado usando hasta ahora: "Probablemente acabe enseñándole mis tetas a todo el mundo". Entonces se ríe, me río y sigue, ahora más alto: "En realidad quizá debería hacerlo. Me da igual. Es algo natural: 'Sí, estas son mis tetas. ¿Algún problema?'. No entiendo qué problema habría".

Yo tampoco. Pero claro, solo porque algo no sea un problema no significa que no sea sorprendente, que sea algo que suele hacerse. Y aún así a Camila Mendes, la estrella de Riverdale (interpreta a la siempre dueña de sí Veronica Lodge) que acaba de cumplir 24 años, no le importa lo que se espere de ella, o hacer lo que ya se ha hecho; está entregada a caminar su propio sendero, a escribir sus propias reglas sea cual sea el juego o, en realidad, a parar por completo el juego y negarse a jugarlo con unas reglas anticuadas.

Pero sobre lo de, ejem, enseñar las tetas: Mendes y yo estamos hablando en un soleado y veraniego día neoyorkino, sentadas en la terraza de un café que, y ambas estamos de acuerdo, tiene las mejores tostadas de aguacate de la ciudad (ella toma la suya con un huevo frito encima), tan solo un par de días después de que haya hecho la sesión de fotos para esta revista. Conversamos sobre cómo se enseña a las mujeres jóvenes a sentirse respecto a cosas que son naturales, específicamente, a sentir vergüenza por el propio cuerpo. Y Mendes no lo consiente.

"Cuando he estado en sesiones de fotos, y se me ha visto un poquito de pezón, siempre ha sido el centro de la conversación. Como con NYLON, todo el mundo estaba en plan '¿Está bien? ¿Seguimos adelante?'. Y yo: 'Que todo el mundo pare de hablar de esto. Vamos a seguir con el shooting. No hace falta hablar de esto'", me cuenta Mendes. "Paré totalmente la discusión y dije que no iba a ser algo sobre lo que íbamos a debatir, porque sé cómo me siento al respecto y estoy totalmente cómoda con hacerme una foto en la que se me vea una teta".

Veronica Lodge, de 'Archie' a 'Riverdale'

Saber cómo se siente y actuar en consecuencia es una de las características más definitorias de Camila Mendes, y puede verse tanto en cómo se enfrenta a una sesión de fotos como en la manera en que lleva su carrera, y ambas cosas solo acaban de empezar. Y además de manera muy exitosa: su primer papel, su Veronica Lodge, es el tipo de oportunidad que define una trayectoria por la que muchos actores esperan toda su vida.

A pesar de que eso del éxito 'de la noche a la mañana' es algo que en teoría podría aplicársele a Mendes, estaríamos ignorando los años de trabajo y entrenamiento que cimientan su carrera, así como su interés innato en la actuación.

"De niña era muy teatrera", explica. "Nunca me gustó jugar con peluches. Me gustaba ser uno de ellos. Es algo que siempre ha formado parte de mí. Nunca hubo un momento claro en el que tuve la revelación de que iba a dedicarme a ser actriz. Simplemente seguí haciendo lo que hacía".

Y así fue. Mendes estudió en la prestigiosa Escuela de las Artes Tisch, en Nueva York, y mientras estaba allí, hizo prácticas en una agencia de talentos y empezó a ir a audiciones. Pronto empezó a haber rumores de una nueva serie, un reboot de un clásico: los cómics de Archie. La actriz empezó a escuchar "a todo el mundo hablando de Riverdale".

Para los jóvenes que quieren conseguir su gran oportunidad, es entendible por qué noticias como el estreno de una serie llena de potenciales papeles para ellos son muy emocionantes. No obstante, emocionante no significa siempre bueno. Porque aunque los cómics de Archie son divertidos desde el punto de vista vintage y nostálgico, los personajes que los pueblan son arquetípicos: Archie Andrews es la quintaesencia del 'nice guy' tímido, y en cuanto a los dos personajes femeninos principales, ejemplificando el clásico enfrentamiento entre mujeres, Betty es la chica de al lado y Veronica la arpía rica, y ambas se pelean por el afecto de un chico que en realidad no las merece a ninguna de las dos.

Pero Riverdale no pretende ser completamente fiel a su fuente; en cambio, promete algo diferente a sus cimientos, una Twin Peaks adolescente en la que la misteriosa muerte de un bello estudiante de instituto ocupa la primera temporada. Solo que en vez de '¿Quién mató a Laura Palmer?' la pregunta es: '¿Quién mató a Jason Blossom?', y con ello Riverdale subvierte la noción de 'la chica muerta', tan vista en televisión, dejando claro que no se trata de la típica serie 'teen', y que las mujeres no están en el mundo solo para ser víctimas.

No es la única manera en que Riverdale derroca tanto su material original como los cimientos de la mayor parte de las series de televisión. Los pasillos apenas iluminados de Riverdale High están llenos de estudiantes de diversa etnia y orientación sexual, los conflictos a los que se enfrentan son a menudo absurdos y llenos de drama telenovelesco, pero los adolescentes son muy reales, lejos de los personajes planos de los comics. En Riverdale, Archie no es un mal chico, aunque sí lo suficiente como para tener un affair con su profesora de música; Betty sigue siendo la chica del lado, pero con un lado oscuro que se manifiesta en los cortes que se hace y en la peluca negra con la que se transforma en Bad Betty.

¿Y Veronica? Quizá es el personaje más cambiado de todos. Sí, sigue siendo una niña de papá, sobrada de sex appeal, absurdamente rica y, vale, un poco tendente a la maldad, pero la Veronica de Riverdale es mucho más que eso. Es vulnerable, compasiva, con conflictos de lealtad, intentando sobrevivir en un mundo inestable y capaz de inventarse un apodo como 'Archiekins' para Archie y que resulte totalmente creíble.

La transparencia radical de Camila Mendes

La credibilidad es la cualidad más importante para un actor, y es especialmente necesaria cuando se interpreta a un personaje que se enfrenta a, seamos sinceros, circunstancias difíciles de creer como, por ejemplo, descubrir que su padre es el jefe de un sindicato del crimen y que tiene un rival mortal llamado Papa Poutine o que un bar de moteros va a acoger con entusiasmo una actuación de karaoke de tres adolescentes cantando Mad World. En manos de una actriz con menos pericia estas situaciones darían un poco de risa, pero ella consigue que sean todo lo contrario: resulta imposible quitarle los ojos de encima a Veronica, cuya línea argumental, llena de conflictos por mantener su sentido de la identidad en un mundo que se ha vuelto loco, es una de las más conseguidas en Riverdale. Todo esto hace que sea aún más interesante descubrir que Mendes ni siquiera pensaba que iba a ser la adecuada para el papel de Veronica la primera vez que supo sobre él.

"Desde el principio", cuenta Mendes, "cuando pensaba en el personaje, era como 'Bueno, es una pin up, va a ser alguien como Krysten Ritter', una chica blanca con pelo oscuro. Me la imaginaba blanca". Pero una vez descubrió que la Veronica de Riverdale iba a ser latina, supo que tenía que ir a por ese personaje: "Era como 'un momento, yo soy esa Veronica latina, puedo hacerlo'".

A partir de ahí, un proceso de audiciones agotador, aunque todos sabemos cómo acaba la historia: Mendes fue elegida para ser Veronica Lodge y dejó su huella indeleble en una de las morenas más icónicas de la cultura pop. Es el tipo de cosa que, en retrospectiva, parece fruto no tanto de un encuentro difuso entre trabajo duro y suerte y más una cosa del destino, como si elegir a Mendes hubiera sido inevitable. Y aún lo parece más cuando la actriz revela que Lili Reinhart, que interpreta a Betty, y Cole Sprouse, que hace de Jughead, hicieron junto a ella las audiciones para sus personajes. "Recuerdo muy vivamente ese momento, los tres en aquella habitación. Me acuerdo de sentarme al lado de Lili y decirle '¿Y de dónde eres?'. La típica charla casual antes de la prueba. También hablé con Cole. Nos unió mucho el hecho de que sudamos un montón antes de los castings". La intérprete se ríe al recordarlo: "Yo estaba literalmente con papel higiénico debajo de los brazos y cuando me nombraron me lo quité".

En el momento en el que Mendes se sentó por primera vez en esa habitación su vida cambió por completo, y pasó de ser una estudiante desconocida que iba de audición en audición a formar parte de un fenómeno de la cultura pop con una base de fans entregada. Pero Mendes no ha conseguido todos esos seguidores (16 millones en Instagram y subiendo) simplemente posteando fotos de sus looks de alfombra roja o de fotos de rodaje. Su presencia social destaca por su transparencia radical, su deseo de revelar las partes imperfectas de lo que muchos podrían imaginar una vida ideal. Una cualidad muy refrescante en estos tiempos en los que la gente (famosa o no) solo quiere mostrarle al mundo las versiones hiperfiltradas de ellos mismos, distorsionándose u ocultándose tanto que resulta imposible saber lo que es verdad y lo que no.

Para Mendes, en cambio, ser honesta sobre su vida no es tanto una elección como ser quien ella es. "Soy muy abierta, en general, con todo el mundo", explica. "Siempre estoy dispuesta a hablar de lo que sea en cualquier momento. Me sale solo. Tengo que esforzarme para ser reservada. Mi primer instinto es abrirme. La mayor parte del tiempo estoy en plan '¡Que le jodan! Voy a hablar de esto'. Soy cuidadosa con pocas cosas. Me gusta conectar con la gente".

Activismo 'body positive'

Una de las maneras en que conecta con los demás es a través del relato de cómo sufrió un desorden alimenticio y su defensa de lo body positive. Mendes explica por qué decidió abrirse: "Hace muy poco que empecé a tratar mi propio problema. Así que, como estoy intentando superarlo, creo que es una buena oportunidad para hablar sobre ello, porque sigo en un momento vulnerable. No es como 'Oh, he superado ya esa fase de mi vida. Estoy tan bien ahora'. Sigo pasándolo mal y lidiando con todo eso. Puede ser que siempre siga luchando contra ello".

Igual que ella ha ayudado a innumerables personas a sentir que alguien las comprende, la respuesta que ha obtenido de sus fans le ha supuesto un apoyo enorme: "He sido más amable conmigo misma gracias a esta respuesta positiva. Creo que todo el apoyo de los fans y ver que muchos están atravesando lo mismo, y cómo siento que tengo la oportunidad de inspirar a muchas personas o evitar que sigan ese camino me ha mostrado que en realidad puedo provocar un cambio real en la vida de alguien… Así que las voces están empezando a desaparecer. Bueno…", se ríe, "tienen menos peso en mi cabeza".

La responsabilidad de ser un modelo de conducta que acarrea la fama no es una de las cosas que Mendes había tenido en cuenta, pero es algo que ahora "le parece adecuado", especialmente porque significa ser fiel a sí misma. Explica: "Es un gran poder que no quería ejercer a priori. Estaba en plan: 'Madre mía. No quiero tener voz. No quiero que nadie me admire'. No quería ser un modelo a seguir porque no me sentía como tal. Pero en vez de tomármelo como 'Chicos, debéis respetar todo lo que os diga y verme como alguien perfecto', yo estaba más como 'no, puedo ser una voz porque estoy sufriendo lo que ellos están sufriendo, probablemente'. Soy una persona real y estoy deseando hablar sobre ello".

Una de las primeras cosas que aprende la gente que se está recuperando de algo es que los secretos enferman. Solo cuando empiezas a ser honesto contigo mismo y con los que te rodean puedes empezar a sanar. Pero es más fácil decirlo que hacerlo, y la transparencia total es más y más complicada a medida que tu círculo de confianza abarca a millones de personas. Es por esto precisamente por lo que Mendes siente que es un acto tan importante. Solo que no es ningún acto, en el sentido de 'actuación', sino lo que ella es como persona.

Contenido publicado originalmente por Kristin Iversen en NYLON US
Traducción: Laura Caso
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