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Jameela Jamil, de The Good Place, y su cruzada contra el Photoshop

Cine, Series y TV

Jameela Jamil, Tahani en 'The Good Place', por qué se opone a que retoquen sus imágenes con Photoshop, lo que la llevó al activismo 'body positive' y los sinsabores de la fama

Como a la mitad de nuestra tarde juntas, que pasamos bebiendo café y botellas enormes de agua en el Chateau Marmont (el legendario hotel de Los Ángeles), Jameela Jamil mencionó el nombre de Gwyneth Paltrow. Mi cerebro hizo click y empecé a pensar que era Tahani, el personaje que interpreta en The Good Place (una mujer condenada a la que le encanta mencionar a la primera ocasión a toda la gente famosa que conoce), quien me iba a hablar sobre Paltrow.

"Es lo que le le dije a Gwyneth mientras estábamos en nuestro tratamiento de picaduras de abeja para eliminar nuestras totalmente reales y para nada imaginarias toxinas: 'Son las picaduras más pequeñas las que más duelen'".

O quizá: “Es como esa vez en la que mi buena amiga Gwyneth me intentó convencer a mí y a mi otra amiguísima, Cameron, para introducir huevos de jade en nuestras vaginas y yo fui la única a la que no le encajaba".

Pero, por supuesto, Jamil no dijo nada de esto. Es igual que Tahani y suena igual que Tahani, pero no es Tahani. Solo había mencionado a Paltrow, que casualmente estaba sentada en una mesa cercana a la nuestra, para ilustrar lo extraños que eran los privilegios de la fama, cómo contribuyen a empeorar esa enfermedad única que solo sufren los tocados por la celebridad, y que en última instancia conduce a una disonancia cognitiva que Jamil está deseando dilucidar para poder desmantelarla.

"De verdad que no sé si conozco a más de cinco personas famosas que sean felices. La fama tiene sus beneficios", explicaba, gesticulando suavemente en medio de ese ambiente lujoso y tranquilo en el que nos encontrábamos, "¡Claro que sí! Y el estilo de vida es muy agradable, tienes la oportunidad de venir a tomarte una botella de agua en el Chateau Marmont, con Gwyneth Paltrow sentada a tu lado y está muy bien, pero toda esa gente famosa es infeliz". Jamil entonces se rió, sacudiendo la cabeza: "¡De verdad que sí!".

"Ser conocida me llevó a una crisis nerviosa"

Jameela Jamil se incluye a sí misma en este grupo de famosos infelices. O, al menos, alguna vez estuvo ahí. Las cosas cambiaron hace unos años, pero solo después, según me explicó, la fama y la invasiva atención que conlleva, casi acabara con ella.

"Ser conocida me llevó a una crisis nerviosa", cuenta la actriz. "Quiero decir, la vida me condujo a ese punto, pero la fama amplificó todo, porque convirtió mi vida en algo extraño e intolerable. Tener ese nivel de escrutinio y a gente metiéndose siempre en tu vida y fotógrafos en la puerta de tu casa -esa constante invasión de privacidad- y no poder ser auténtica nunca porque no sabes si la gente quiere tu amistad por ti misma o por la idea que tienen de ti… Estás rodeada de intereses ocultos".

“La fama", me quiso aclarar Jamil, mientras estábamos sentadas en uno de los bordes del patio del Chateau Marmont, veteado por el sol, Paltrow estaba sentada a unos pocos pasos, Justin Theroux también estaba allí, un poco más apartado, trabajando en su portátil, el aire olía como a miel y uvas y, frente a nosotros, teníamos un platito de aceitunas perfectas cortesía de la casa por haberse retrasado un poco con el servicio, "es fea".

Jamil lleva siendo famosa la mayor parte de su vida adulta (y no ha sido fea ni un segundo de ella), pero la mayor parte de nosotros nos hemos familiarizado con ella en los últimos dos años, gracias a su papel de Tahani en The Good Place, esa extraña sitcom que ha logrado el beneplácito tanto de la crítica como del público (porque, ¿a quién no le gusta un buen argumento determinista, o ver al menos conocido de los hermanos Hemsworth, Larry, en un papel recurrente?). Sin embargo, antes de eso, Jamil había estado en el ojo público en Reino Unido durante una década, conocida por su trabajo como DJ en la radio, presentadora de televisión y escritora. Y fue justo en lo más alto de su carrera cuando alcanzó el momento crítico de comprensión del mundo que la rodeaba, ese instante que le hizo ver claramente el efecto negativo que la fama tenía en su bienestar.

"Hubo un punto de giro brutal para mí cuando tenía 26 años", cuenta la actriz. "Empecé en la industria cuando tenía 22 años… Y a partir de ahí empecé a ser más y más objetificada y sufrir más escrutinio acerca de mi apariencia". Todo esto le ponía enferma, pero quizá lo que era peor para Jamil es la manera en que todas las preguntas que le hacían, como a cualquier mujer célebre, eran inanes, del tipo que deja claro que el único valor de una mujer está en su físico. Como ella explica: "Me sentía vacía y aburrida, pero no sentía que tuviera ningún derecho a resistirme a ello o a que me preguntaran las mismas cosas que a mis compañeros hombres".

Jamil vs. Photoshop

La maldad del rampante sexismo y superficialidad de la industria se le desveló por completo tras ganar peso después de tener que tomar una medicación para el asma, cuando sufrió el incensante fat-shaming de los tabloides británicos. A Jamil le desconcertó mucho esta actitud hacia ella, porque sentía que se había ganado cierta protección por las cotas profesionales que había alcanzado: "Conseguí tantas cosas esos tres o cuatro años en el negocio, trabajé tanto y lo logré sin tener padres famosos ni contacto ni dinero, solo por mí misma, utilizando mi cerebro, esforzándome mucho, y entonces me di cuenta: Para ellos solo soy grasa y huesos".

Esta revelación no era algo que Jamil estaba dispuesta a dejar pasar sin hacer nada al respecto. “Me rompió el corazón y me desmoralizó por un momento, porque me di cuenta de que no hemos avanzado tanto como creía, de hecho, se está haciendo un esfuerzo por dar marcha atrás, y ahí fue cuando empecé a ser activista".

El activismo de la artista nace directamente de las experiencias de aquellos años, es algo muy personal pero que también espera se convierta en un movimiento global. Tras esta experiencia de escarnio público "empecé a aparecer en redes sociales tantas veces sin maquillaje como con él, a decidir lo que iba a llevar en las sesiones de fotos y a nunca jamás permitir que me preguntaran cosas sobre belleza en las alfombras rojas. También empecé a tomar el control de mi carrera. Porque de otro modo, esto dura eternamente. Te van a menospreciar y desautorizar constantemente si no te ocupas de tu mente, de tu cuerpo y de tu espíritu".

Esta postura ha evolucionado y se ha fortalecido con el paso de los años, como se ha podido ver en la campaña recientemente iniciada por Jamil, I Weigh, que anima a las mujeres a valorarse en otras métricas que no sea su peso, y también reafirma su compromiso a no retocar su imagen en las sesiones de fotos; Jamil cree que el Photoshop es una táctica de manipulación muy peligrosa que ha alterado la percepción que tenemos de nosotros mismos de una manera crucial.

Lo explica: "Cuando te photoshopean es como alzarte para tener una caída más dura, porque nunca puedes estar a la altura de una imagen digital. Deja de hacerlo. Creo que es muy grotesco. Es un crimen espantoso aplicar Photoshop a tus imágenes y difundirlas sin avisar de que lo has hecho. Es una mentira, estás mintiendo a tus fans, y a tus seguidores, y a la gente que te admira. Eres un gilipollas. De verdad lo creo. Eres un gilipollas. Estás permitiendo que la inseguridad que ha arruinado tu vida ensucie la de los demás. Estás reciclando ese odio hacia ti mismo, ese malestar, y deberías parar".

Jamil se empezó a reír cuando dijo esto, se dio cuenta de lo fuerte que había sonado, y añadió: “Sé que soy muy estricta con esto. Pero dejé de comer como tres años cuando era adolescente por esa gente que hacía sus piernas más largas y se quitaban kilos en sus imágenes… Tenemos que rebelarnos contra esto, tenemos que ver los defectos".

"Mi culo parece el mapa del mundo"

Los escépticos del entusiasmo de Jamil por una vida sin filtros, sin embargo, se preguntan: '¿Cuáles son exactamente sus defectos físicos?'. Le pregunté a Jamil cómo le responde a la gente que protesta por lo injusto que es que una mujer considerada universalmente bella lidere el movimiento Photoshop-free. Ella responde descalzándose y agitando los pies -sin pedicura- en el aire, señalando un dedo especialmente poco atractivo. Y más: "Mi culo parece el mapa del mundo. La gravedad me afecta. Tengo granos, mis dientes de abajo están montados y nunca me he blanqueado la dentadura. Tengo celulitis".

Y, bueno, seguro que todo eso es verdad. Por supuesto, no he visto ni su celulitis ni sus estrías (aunque ha subido fotos de ambas en Instagram), y su piel estaba libre de imperfecciones y luminosa los dos días que pasamos juntas. Pero no, sus dientes no tienen ese blanco cegador que lucen la mayor parte de los actores de Hollywood, ni sus pies van a salir en WikiFeet (¿O sí? No sé muy bien cómo funciona). Para esta sesión, Jamil pidió específicamente que sus pies no fueran fotografiados. Y llevaba la cantidad normal de maquillaje que la ocasión requería (un montón) y cuidó los ángulos tanto como lo haría una Kardashian. Pero justamente esta fiscalización de su físico, ya sea para buscar imperfecciones o para dejar constancia de que no tiene ninguna, resulta parte del problema y está fuera de todo lugar.

Contenido publicado originalmente por Kristin Iversen en NYLON US
Traducción: Laura Caso
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