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Jinn, la Élite árabe de Netflix con tintes de fantasía, en la picota por ser considerada 'inmoral' en Jordania

Cine, Series y TV
Foto: Netflix

La serie original de Netflix Jinn, un drama fantástico que tiene lugar en un instituto de Amán, en Jordania, ve peligrar su segunda temporada por protestas en el país, que la catalogan de 'inmoral'.

Jinn, una serie adolescente ambientada en un instituto de Amán en el que la vida de algunos de sus alumnos se ve interrumpida por la presencia de espíritus provenientes de la antigua ciudad de Petra. La primera producción árabe de la plataforma se une al ya amplio catálogo de series de Netflix de género teen, como la patria Élite (de cuya segunda temporada ya tenemos las primeras imágenes), pero parece que tendrá un porvenir menos halagüeño que la situada en el instituto de Las Encinas.

La ficción se estrenó en junio y desde entonces tiene a parte del gobierno y del público en contra. La trama sobrenatural no es la responsable de las quejas. Más bien es la trama protagonizada por Mira (Salma Milhis), la protagonista, a la que se ve besando a dos chicos diferentes en dos escenas diferentes de los cinco capítulos que componen su primera temporada. Tampoco han gustado ni el lenguaje 'soez' utilizado por los jóvenes ni el hecho de que beban cerveza y fumen porros en algunas escenas.

Como recoge la web Fuera de serie, un fiscal jordano pidió al Ministerio del Interior que interrumpiera de inmediato la difusión de la serie en la plataforma, a la que se calcula está suscrito tan solo un 1% de la población (unos 1,7 millones de usuarios) según El País. También han intervenido autoridades religiosas como el gran muftí, que ha condenado la "degradación moral", y grupos islamistas como los Hermanos musulmanes, que denuncian que muchas escenas de Jinn atentan contra el islam.

Críticas a Jinn, también en el apartado artístico

Sin embargo, la Royal Film Comission y la Agencia de Turismo de Jordania, las instancias gubernamentales que aprobaron el rodaje de la ficción y que, aseguran, no ejercieron ningún tipo de censura sobre su contenido, se han desmarcado de las peticiones de las instancias indignadas, recalcando que se trata de un servicio por el que hay que pagar y al que cada usuario se suscribe de manera voluntaria:

"Jinn se emite en Netflix, que es una plataforma internacional presente en 90 países. Solo aquellos que se han suscrito y han pagado su cuota pueden verla. Por lo tanto, no es una plataforma abierta. Cada individuo elige si suscribirse o no", publicaba la cuenta de Twitter de la Royal Film Comission, y añadía: "Después de todo, es una elección personal ver o no ver contenido sobre el que podemos o no estar de acuerdo".

Al margen de la polémica moralista, las críticas tampoco han ayudado a Jinn, que para medios como Middle East Eye es un ejemplo más de cómo Netflix sigue siendo una compañía 'USAcéntrica' a la que le cuesta capturar la idiosincrasia de otras culturas. También han destacado la pobreza de los guiones y la poca calidad de la dirección. Sin embargo, como destacan otras publicaciones como Express, la recepción fuera de Jordania no ha sido tan negativa como para que Netflix no dé luz verde a una segunda temporada, especialmente tratándose de su primera incursión original en árabe.

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