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Cinco razones por las que habría que resucitar a César Manrique

Ocio y Cultura
Laszlo Szirtesi / Getty

Si el artista canario César Manrique no hubiera existido había que inventarlo. Arquitecto autodidacta, pintor, paisajista, escultor y diseñador, pero también el mayor activista medioambiental en la historia de las Islas Canarias. Repasamos aquí cinco razones por las que le resucitaríamos ahora mismo.

César Manrique es una figura fundamental para la historia de Lanzarote y para la lucha medioambiental en nuestro país. Supo plasmar su espíritu de creador total, ir concatenando estudios con estancias dentro y fuera de la península, y lidió como nadie con las circunstancias que le rodearon: Franco, el desarrollismo…

Nacido en 1919 en Lanzarote, murió en su isla en 1992 a causa de un accidente de tráfico. Entretanto, numerosas vidas vividas en un puñado de años y un legado inconstestable. Este año de cumple un siglo de su llegada al mundo, y si pudiéramos resucitarle ahora mismo, le resucitaríamos. Fue un adelantado a su tiempo en numerosos aspectos. Razones no faltan:

Su activismo medioambiental

César Manrique, durante una de sus numerosas protestas.

Cuando el desarrollismo estaba en pleno boom y los intereses económicos descarnados comenzaban a campar a sus anchas por la islas Canarias, él mostró abiertamente sus temores por el futuro y, lo que es más importante, fue capaz de convencer a la clase política. Turismo, sí, pero respetando el entorno. Su propuesta: una arquitectura que dialogase con el entorno y, sobre todo, que lo respetase. Se puso a pie de obra para parar trabajos que pretendían arrasar con su isla, habló con toda aquella persona que pudo para expandir su doctrina, e incluso dio escandalosas declaraciones dentro y fuera de la isla.

Sus obras en Lanzarote

Lanzarote fue el lienzo en blanco de Manrique, y su niña bonita. Fue a su regreso de Nueva York, en 1968, cuando se dio cuenta de que su origen era su futuro, y de que quería cuidarlo muy mucho. Su trabajo se enmarca en preservación de la naturaleza a través del arte, y en la exaltación del fantástico lugar en que había tenido la suerte de nacer. Turismo, sí, pero con medida y diferente. Los Jameos del Agua, El Taro de Tahíche, su casa y actual sede de la Fundación a la que da nombre, el Mirador del Río o el Jardín de Cactus son auténticas maravillas imprescindibles. Nada desdeñable es tampoco el Horno-Asador del Parque nacional de Timanfaya en el que los alimentos se cocinan con la energía geotérmica que emerge por un boquete en la tierra. Un espectáculo.

Su estética y sentido del arte

Diseño para BMW Art Car firmado por César Manrique en 1990.

Manrique tenía una sensibilidad especial, una capacidad espléndida de conceptualización visual y síntesis, y un carácter absolutamente visionario. Además como decíamos en las primeras líneas de este artículo, era un artista pluridisciplinar. Lo mismo trabajaba con pincel sus obras expuestas incesantemente desde 1942 en lugares como Arrecife (su primera exposición) o incluso el Museo Guggenheim de Nueva York, en donde se vieron en 1964. Él mismo se denominaba pintor antes que nada, y fue uno de los pioneros del arte abstracto en España.

También destacó por sus dotes para la escultura con objeto encontrado, el paisajismo, o la creación de estructuras móviles que él llamaba "juguetes del viento". Precisamente estos móviles son una huella más de su concepción de la isla y una de sus formas de crear junto con la naturaleza y sirviéndose de los elementos como aliados. No se amilanó con los tejidos (diseñó estampados de telas para Gastón y Daniela, por ejemplo), ni con encargos más pintorescos, como el coche BMW 730i que le encargaron personalizar para la colección BMW Art Car.

Parece tener todas las características para ser considerada una disciplina artística, sin embargo ¿por qué sigue sin serlo?. Reflexionamos con distintos jóvenes talentos de la moda española sobre esta cuestión y les preguntamos sobre el valor artístico de la moda bajo su perspectiva.


Por el ambiente de su casa en la calle Covarrubias de Madrid

cesar manrique ullstein bild Dtl / Getty

Su relación con Madrid comenzó cuando llegó a la capital en 1945 para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Diez años más tarde, en 1955 adquiriría un ático en la calle Covarrubias que se haría célebre por sus fiestas y encuentros culturales. Se dice que toda la farándula del arte, de la alta sociedad madrileña y de la diplomacia pasaban por allí día tras día y noche tras noche. Incluso Andy Warhol se hospedó allí haciendo escala cuando se dirigía a Tánger. Eran épocas en que recibía encargos de murales de piedra, cuadros y proyectos varios para entidades y personalidades de las altas esferas.

Porque fue un adelantado a su tiempo

En una época en la que la ecología no estaba tan en boga, en que los desastres medioambientales sólo se podían -como mucho- intuir, y en la que el dinero fácil apetecía a todo el mundo, César Manrique fue capaz de respetar sus orígenes y de aplicar su amplia visión en su tierra tras recorrer algunos de los puntos de mayor ebullición del mundo.

Se cuenta también que, a raíz de la muerte en 1963 de la que fuera su esposa desde la juventud, Pepi Gómez y posterior traslado a Nueva York, comenzó a probar experiencias nuevas, incluidas las relaciones con hombres, y que hablaba de ello en abierto y sin reparos con quien fuera. Naturalidad y capacidad de comunicación como herramientas para cambiar el mundo.

cesar manrique fundacion Escultura en la Fundación César Manrique.Sabine Lubenow / LOOK-foto / Getty

El Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria acoge hasta el 29 de septiembre de 2019 la muestra 'Universo Manrique', con multitud de materiales, objetos, obra y recuerdos de todas las etapas del artista. Una ocasión estupenda para recordar al héroe. Y mientras no estés allí, podrás incluso brindar por él con el vino Malvasía de César, de bodegas El Grifo, una edición especial que han sacado en colaboración con la Fundación César Manrique, 100% Malvasía Volcánica. Un homenaje que surge por su legado artístico y por la amistad personal que le unió a los propietarios de la bodega.

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