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7 mentiras sobre las mujeres que hay que desterrar

Ocio y Cultura
Rocío Salazar

La ilustradora Rocío Salazar desmiente las mentiras más comunes sobre las mujeres: SÍ, tenemos pelos; y NO, no son las hormonas.

El de 2014 fue un verano extraño para Rocío Salazar. Esta sevillana que ahora tiene 32 años había decidido tirar la toalla como ilustradora, harta de la irregularidad de su profesión, y se había empollado otra vez el temario de Selectividad para probar suerte en Medicina. Así fue como empezó a dibujar lo que le dio la gana: una serie gráfica llamada ¿Y si no me depilo más? fruto de la decisión que había tomado una tarde cualquiera de abril de salir a la calle en falda corta con los pelos al aire. El resultado: un sinfín de likes y decenas de miles de compartidos en Facebook… y una matrícula en Medicina, carrera en la que fue aceptada.

Ahora compagina sus estudios con sus ilustraciones, que han tomado forma de libro en Mentiras para ser una mujer de verdad (Lunwerg Editores), un manual para principiantes en el que con mucho humor e ironía desgrana algunas de las muchas mentiras que las mujeres nos hemos creído sobre nosotras mismas, y que recopilamos a continuación:

1. Las chicas no tenemos pelos

En el primer capítulo de Mentiras para ser una mujer de verdad Rocío Salazar analiza todos los mitos de la depilación femenina, anécdotas en las que todas las mujeres se sentirán identificadas (como las famosas quemaduras con cera o los granos encarnados) y deja varias cosas muy claras: no ir depilada no es ser una guarra, no es ser una vaga, no es ser muy dejada ni es ir descuidada. “¿Por qué no me he dado cuenta hasta los 30 años de que estaba depilándome en contra de mi voluntad? ¡Y eso que yo me considero feminista!", nos cuenta al otro lado del teléfono la autora.



Esta decisión de dejar de depilarse, uniéndose así al denominado 'activismo propelos', le aportó liberad, pero también “demasiados miradas y comentarios negativos". Lo más preocupante: muchos de ellos vinieron de mujeres. “Somos nosotras mismas en buena medida las que nos esclavizamos, aunque esto surge, sin ninguna duda, de la sociedad patriarcal". Rocío tiene un 10% de seguidores hombres en Facebook que le arengan a dibujar también “cosas sobre tíos". “Pero eso no me toca a mí", responde. “Yo sé que los hombres también tienen mucha presión. Me dicen que ellos ahora también se tienen que depilar, y sí, pero ellos pueden ir a la playa con pelos, no lo tienen prohibido socialmente como nosotras", defiende. “Dicho esto, si alguien hiciera un libro llamado Mentiras para ser un hombre de verdad me parecería genial. Lo compraría y lo regalaría, pero no me apetece hacerlo a mí", reseña consciente de que esta es su lucha.

2. Las mujeres somos delgadas

Segunda mentira. Las dietas nos bombardean constantemente, así como los cuerpos perfectos que aparecen en los anuncios y que nos hacen creer que un cuerpo solo es bonito si es delgado. “¡Basta ya!", pide Rocío. En este capítulo nos anima a amar nuestro cuerpo tal cual es, con sus michelines, su celulitis y sus cartucheras, lanzando un mensaje para todas las mujeres en general y para las adolescentes en particular: “Muchas chicas piensan 'con lo fea que soy, con lo gorda que soy ¿quién me va a querer?'. Pero si no te quieres tú a ti misma, ¿cómo vas a exigir que otros te traten con dignidad?".



A pesar de que Rocío apunta a una clara “maniobra del patriarcado" detrás de todo esto, también delata a un segundo culpable: “Hay una industria forrándose a costa de nuestros complejos. Lo disfrazan de salud, pero es mentira, porque hay gente que no tiene sobrepeso ni obesidad y está a dieta siempre".

3. La regla no existe

La mentira que más hiere a la autora y uno de los temas más intrínsecamente femeninos y que más tabú genera es la menstruación. En torno a ella se han generado multitud de bulos y mitos: las mujeres somos bipolares durante el síndrome premestrual, el típico comentario de “serán las hormonas", los anuncios de compresas en los que la sangre es azul y un largo etcétera que demuestra que la regla sigue siendo algo que genera vergüenza.



“Si estás pre, o pos, u ovulando, o embarazada, o vas a parir, o acabas de parir, o estás menopáusica, o premenopáusica… da igual, siempre son las hormonas, siempre estás loca. Es una forma de degradar tus capacidades psicológicas", señala.

4. Si salimos sin arreglar, nos morimos

“¿Por qué tanta presión para que me arregle todos los días… si yo no me estropeo casi nunca?". Esta reflexión la lanza una de las mujeres protagonistas de las ilustraciones de este libro, que también aborda el tema del maquillaje, los tacones y de la necesidad de ir siempre arregladas.



“Veo un movimiento de concienciación para dejar atrás todas estas cosas, pero por otro lado veo a la industria sacando cada vez más cosas: que si límate los callos, que si presume de axilas bonitas… ¿Axilas bonitas? ¡Pero qué me estás contando!", exclama Rocío.

5. Tener complejos es muy femenino

“Lo que más bonito y elegante es que expreses disgusto y frustración por saber que nunca habrás hecho suficiente. ¡Eso te dará un toque más femenino aún!", dice uno de los personajes del libro. Rocío Salazar ironiza en este capítulo con esa costumbre femenina de crear complejos sobre su propio cuerpo o talla.



6. Las chicas buenas no envejecen

“Y ahora… ¡no envejezcas! Que eso está muy feo en una dama. No sé, invéntate algo, pero que parezca que vas estrenando cuerpo toda la vida…". Y es que envejecer también está mal visto: las arrugas, las canas… desde edades tempranas nos venden cremas antiarrugas para frenar los signos de la edad. Este libro defiende lucir nuestro cuerpo con orgullo de acuerdo a nuestra edad, sin intentar aparentar menos, porque la edad es sabiduría y las canas son sexys.


“Me gustaría que hubiera gente que lo leyera y pensara 'Ah, pues yo me tiño las canas porque quiero' y terminara preguntándose '¿me tiño las canas porque quiero?'. También hay otras personas que con mi libro se lo han planteado pero siguen haciéndolo porque de verdad les gusta. Es una opción igualmente válida", explica Rocío.

7. Existen mujeres de verdad (y mujeres de mentira)

¿Somos libres las mujeres para tomar decisiones acerca de nuestro cuerpo, aspecto físico y forma de vestir? ¿Nuestros gustos son “nuestros de verdad"? ¿Hasta que punto los condicionamientos sociales determinan la forma de ser y pensar del público femenino?

Mujer de verdad

“Hay mujeres a las que le gusta maquillarse, que se ponen delante del espejo como me pongo yo delante de un lienzo, pero hay otras mujeres que no salen a la calle sin maquillar porque no soportan verse la cara. He entrevistado a muchísima gente para hacer el libro: familiares, amigas y amigos que me han dado su visión, y lo que me ha sorprendido es que hay muchas mujeres que no toleran su propia imagen si no es después de pasar por estas cosas que incluyo en las doscientas páginas de libro", declara.

“Me gustaría despertar en las mujeres el mismo proceso por el que yo pasé cuando dejé de depilarme", apunta, sabedora de que ha dejado mil mentiras más en el tintero, de ahí la coletilla de 'manual para principiantes'. Quizá en un futuro se anime con el manual para expertas porque, dice, “esto da para una enciclopedia".



Este contenido fue publicado originalmente por Cecilia Marín en Eslang