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Cómo Britney Spears me enseñó a sobrevivir

Social
Handout/Getty

Gracias a Britney Spears aprendí mucho sobre la salud mental, y son lecciones que uso día a día

Shut up, brain es una columna de Jill Gutowitz en la que analiza todo, desde los fenómenos de la cultura popular hasta las peculiaridades de las relaciones interpersonales, a través de la lente de alguien que vive con ansiedad.

En lo que respecta a mi sexualidad, hay mucho de cómo crecí (por ejemplo, los medios que consumí y la cultura homófoba de la que me empapé) y eso me hace pensar: 'Bueno, no me sorprende que no saliera del armario hasta mis 20'.

En los cuatro años que han pasado desde que dije públicamente que soy lesbiana, también he ajustado cuentas con mi salud mental y el estigma que me impidió lidiar con eso antes, algo que también se debió a la cultura imperante y los medios que consumía, incluida, particularmente, la extensa cobertura de todo lo concerniente a Britney Spears.

Todos recordamos el 2007. El 'colapso' de Britney Spears no solo se difundió en todos los telediarios o programas del corazón, fue un hito, un fenómeno cultural. Un momento en que el público en general se volvió contra ella por ser, bueno, mentalmente inestable. Fue un ataque cruel, dirigido contra una cantante que había sido adorada universalmente. Reflejaba un momento particularmente inmisericorde en el panorama mediático, en el que la gente se burlaba de las mujeres jóvenes que tenían problemas con su salud mental y las adicciones, cuando voraces paparazzi se dedicaban a fotografiar debajo de las faldas de las famosas.



Si Britney pudo superar 2007...

Pero, tras una década, la narrativa ha cambiado. En el décimo aniversario de ese año trascendental, cualquiera podía tener una taza, una camiseta o una gorra con la frase de 'Si Britney superó 2007, tú puedes con hoy'. Además, para demostrar lo lejos que estamos de aquellos días, recientemente la artista se internó en un centro de salud mental durante un mes, lo que provocó un leve drama de súper fans que pensaban que estaba retenida allí contra su voluntad, hasta que Spears desmintió los rumores en Instagram. Al margen de esto, me di cuenta de que los titulares eran muy diferentes, casi empáticos, en comparación con los de 2007.

Aun así, es difícil no preguntarse por qué elegimos despreciar a la cantante por tener problemas con su salud mental en lugar de ayudarla. ¿Porque era divertido? ¿Porque fue fácil derribarla? ¿Tal vez nos hizo sentir mejor? Hay docenas de razones retorcidas; Sady Doyle lo analizó bien en su libro Trainwreck, que describe todas las formas y razones por las que demonizamos a las mujeres que no encajan en los arquetipos de la docilidad femenina que ha creado nuestra cultura.

Pero conocer todas esas razones ahora no cambia lo que experimenté en aquel momento. Tenía 16 años en 2007. Era una gran fan de Britney. Y vi al público despedazarla, y estoy segura de que también participé. Pero en ese momento estaba luchando contra mis propios problemas de salud mental: enterré mi ansiedad, descarté los primeros ataques de pánico, me dije a mí misma que lo que estaba sintiendo era controlable o solo estaba en mi cabeza, recordándome que era débil y que necesitaba ser más fuerte.



Y nos reímos de Lindsay Lohan, de Amy Winehouse...

Aún estoy lidiando con la coraza que llevaba entonces y lo estrecha que era mi visión del mundo. No me planteaba que podía ser queer porque solo había visto representaciones negativas de personas queer en los medios. Nunca pensé que pudiera estar mentalmente enferma porque tampoco me reconocía en la gente considerada 'loca'. No quería ser, no podía ser, eso. Cuando Britney se afeitó la cabeza, lo negué aún más. Esa no podría ser yo. Y así la rechacé, y rechacé una parte de mí misma.

No solo Spears se enfrentó a la humillación pública. En aquella época muchas mujeres famosas fueron derribadas por las mismas personas que las habían aupado. Y así, nos reímos de Lindsay Lohan cuando lo pasaba mal con su alcoholismo, con sus relaciones y con su salud. Hicimos bromas crueles sobre la adicción y el sufrimiento de Amy Winehouse hasta el momento en que murió. Hicimos listas de los momentos "más locos" de Amanda Bynes. Ninguna de estas mujeres era una criatura loca, imposible de arreglar, o vil. Pero les despojamos de las herramientas que necesitaban para cuidarse. No es que no tuvieran acceso a un tratamiento. Incluso teniendo dinero, encontrar un tratamiento para la salud mental es difícil, especialmente Estados Unidos.

Si te puedes permitir internarte en el laberinto de la atención médica, es complicado encontrar un médico que comprenda estos problemas y verlos con regularidad. Además, para las personas LGBTQ, esto significa encontrar un médico que trabaje con personas LGBTQ. Y eso son muchas más trabas para encontrar el tratamiento adecuado. En esos años, habíamos estigmatizado la salud mental y la adicción, hasta el punto de que mucha gente tenía miedo de admitir que necesitaban ayuda. No ayudamos a estas mujeres: les hicimos daño. A su vez, también nos hicimos daño a nosotros mismos. Yo, ciertamente, sufrí.

La sociedad y los problemas mentales en la última década

Cuando me enteré del nuevo internamiento de Britney, mi corazón dio un vuelco porque conozco esa sensación de 'Esto está a punto de ir demasiado lejos. Es hora de buscar ayuda'. El hecho de que Spears tenga acceso a un centro como ese y los medios para tomarse un mes fuera del trabajo solo para cuidar su propia salud mental son los jodidos objetivos para todos. Ese es el sueño. No tengo esa posibilidad, y tampoco la mayoría de la gente. No podemos darnos el lujo de parar, y es muy desalentador.

Cada paso de mi viaje en la salud mental ha sido desgarrador, desde reconocer que tenía un problema, tratar de amarrarlo, perderlo de nuevo, por lo menos tratar de manejarlo. Y ha sido tan desgarrador porque no tenía a nadie que me dijera qué hacer, cómo solucionarlo, a quién mirar, dónde encontrar ayuda. Me siento aliviada porque la nueva narrativa que rodea a Spears ha sido abrumadoramente positiva, pero la manera del público de abordar los problemas psicológicos (reconocerlos, desestigmatizarlos, ser críticos con el sistema de salud) es muy nueva. Algo de los últimos diez años. Nunca habíamos tenido un mapa de cómo lidiar con estas cuestiones.

Recuerdo cuando solía pensar que Britney Spears estaba loca porque eso es lo que decía todo el mundo y porque tenía 16 años y tenía miedo de quién era. Quería distanciarme de ella, igual que todos los demás. Pero cuando miro hacia atrás y veo esas fatídicas imágenes de cuando se rapó la cabeza, el dolor en su rostro, la urgencia y la obsesión en sus ojos, no me siento mejor conmigo misma al descubrir que no es un reflejo de mí. No pienso 'por lo menos no he llegado a eso'. Al contrario, me siento menos sola. Me siento esperanzada. De verdad pienso que si Britney Spears pudo superar 2007, yo puedo superar el día. Pero no lo pienso en plan irónico, como en una taza con tipografía bonita.

No hay milagros. Pero hay esfuerzo y dedicación

Me siento esperanzada porque sé lo que se siente al tocar fondo, los que no te esperas, pero que sobrevives de todos modos. El fondo de cada uno es diferentes. Y para las personas como yo, las personas con ansiedad generalizada severa y ataques de pánico, lo más hondo no es un único lugar ni un sitio al que caes una vez en su vida. Es un lugar al que volvemos a menudo, más a menudo de lo que nos gustaría. Es un infierno cerebral aterrador y abismal, y la única forma de evitarlo es tomar medidas sistemáticas para controlar su salud mental, como lo hace Spears. Y eso es valiente; intentarlo es valiente

Hace poco volví a tocar fondo varias veces, en el transcurso de tres meses, y decidí que era hora de volver a tomar la medicación. De momento, es demasiado pronto para considerar que mi nuevo medicamento contra la ansiedad es el adecuado, o si me está ayudando. Pero sabía que tenía que intentarlo. Porque si no sigo intentándolo, entonces ¿para qué? ¿Tengo que seguir viviendo así? ¿Ahogándome en ansiedad por las cosas más triviales? ¿Temblando ante la idea de una fecha, una reunión o una situación social?

Sé que no hay una solución definitiva para todos mis problemas de salud mental, pero hay opciones. Hay dedicación. Hay persistencia. Existe la voluntad de buscar ayuda cuando sabes que no estás bien. Si algo aprendí de Britney Spears a lo largo de décadas de haber sido testigo de su ascenso y 'caída', es eso: la importancia de la persistencia, la dedicación, la voluntad de buscar ayuda. Amo a Spears por muchas razones (la música, el hecho de que sea icónica, su actuación en los VMA de 2003), pero la admiro más por la forma en que ha tratado su salud mental, en el sentido de que sigue lidiando con ella.

Aunque le quitasen a esta mujer todo lo que la convierte en Britney Spears (o Godney, como muchos sus fans la llamamos) y sigue siendo mi heroína personal, porque me ha enseñado una y otra vez a levantarte cuando te caes. Por necesidad. Para sobrevivir.

Contenido publicado originalmente por Jill Gutowitz en NYLON US
Traducción: Laura Caso
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