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Evan Rachel Wood explica que sufrió violencia machista: "Me sometió por medio de la inanición, la falta de sueño y las amenazas"

Social
Sarah Morris / Getty

La actriz Evan Rachel Wood ('Westworld') explica que sufrió una relación de malos tratos cuando tenía 18 años. Sufrir violencia machista le ha dejado secuelas psicológicas que aún intenta superar.

Evan Rachel Wood ha decidido explicar públicamente que sufrió violencia machista cuando tenía 18 años. La intérprete, que recientemente ha protagonizado la serie Westworld, ya había contado en primera persona para NYLON sus problemas con la salud mental y su experiencia en un hospital psiquiátrico. A continuación, reproducimos el discurso que ofreció en el California Senate Public Safety Committee para apoyar la aprobación de la Phoenix Act, un mecanismo legal para ampliar el plazo de denuncia en los casos de violencia machista. A continuación, su testimonio:

Cuando era adolescente, conocí a un hombre.

Antes de conocerlo, solo había tenido dos relaciones largas en el instituto, ambas con chicos, muy cercanos a mi edad.

Este hombre y yo nos hicimos amigos rápidamente, algo por lo que estaba agradecida, porque en ese momento no tenía muchos.
Lo admiraba de muchas maneras y me sentí especial porque me eligiese. Sentía que teníamos un vínculo único. No tenía intención de que se convirtiera en algo romántico.

Cuando finalmente tomó ese camino, no estaba segura de cómo detenerlo. Tenía carisma y poder sobre cualquiera que entrara en contacto con él, y rápidamente me rendí a sus encantos. Al principio me trataba como a una princesa. Vi su mal humor dirigido a otras personas, pero lo pasé por alto, consideré que no le comprendían. Me sentía mal por él. Nunca pensé que me haría daño. Confiaba en él completamente. Fue mi mentor, mi salvador y mi mejor amigo. Él me decía: 'somos nosotros contra el mundo', y yo le creía. Pensé que me había enamorado profundamente y sentí que era mi deber hacer feliz a mi pareja a toda costa.


Yo era inteligente, pero una chica inteligente de 18 años sigue teniendo 18, y no vi ninguna de las banderas rojas que había desde el día en que nos conocimos. No fue hasta mucho más tarde cuando me di cuenta de que todo lo que me había dicho era una mentira y parte de lo que se conoce como 'el proceso de preparación'.

La relación iba muy rápido y casi de inmediato me pidió que me mudara con él. Yo no estaba segura, pero me deshice de la precaución, ya que lo hizo parecer todo tan romántico. También me había escondido un terrible problema de drogas y alcohol. Pronto quedó claro que había una manera en la que le gustaba que yo vistiera. De lo contrario, habría insultos y burlas.

Comenzó a separarme de mis amigos cercanos y familiares, uno por uno, enrabietándose de una forma u otra cuando tenía contacto con ellos.

La única forma en que sabía cómo calmarlo era darle lo que quería, que era yo, toda para él, en total aislamiento.
Tenía ataques extremos de celos, lo que significaba que a menudo destrozaba la casa, me acorralaba en una habitación y me amenazaba.

Me dijo que "nadie me iba a querer como él", que "nadie me querría si lo dejaba" y que "mataría a cualquiera que me tocara".

"Hice esto para sobrevivir"

Sus demandas se volvieron inalcanzables, y nada de lo que hacía era lo suficientemente bueno. Corría por la casa todo el día tratando de resolver los 'problemas', arreglar cualquier cosa que le molestara, pero esto solo causaba más maltrato. Terminé siendo la persona que él quería que fuera y perdiéndome por completo. Se convirtió en mi nueva normalidad. Hice esto para sobrevivir, para evitar una explosión. Me quedé adormecida y acepté lo que él quería, lograba sonreír. Años más tarde, mi terapeuta identificaría parte de mi comportamiento como el Síndrome de Estocolmo.

Fui testigo de que mi abusador amenazaba a personas con fuerza o denuncias, si le preocupaba que lo expusieran de alguna manera. Se jactó de ser capaz de matar personas porque supuestamente era amigo de varias pandillas, y lo vi recopilar ilegalmente datos sobre algunas personas para chantajearlas.


Cuando me di cuenta de que estaba en una mala situación, me sentía completamente atrapada y aterrorizada. Me regaló un móvil, que descubrí que estaba pinchado. Descargó spyware en mi ordenador y hackeó mis correos electrónicos y cuentas de redes sociales, por lo que no podía pedir ayuda. Cuando mis amigos y mi familia trataron de intervenir, rápidamente les dije que se fueran y que estaba bien, porque tenía miedo de lo que pudiera hacerles.

Me sometió por medio de la inanición, la falta de sueño y las amenazas contra mi vida, a veces con armas mortales, lo que me llevaría a tener ataques de pánico severos en los que no podía respirar o dejar de temblar.

"Una parte de mí murió ese día"

Si intentaba dormir, me tiraba cosas o me daba instrucciones para que me drogara, y las sustancias me desorientaban y me mantenían despierta, a veces durante días. Cuando estuve lo suficientemente débil por no haber dormido ni comido, me obligó a participar en actos de miedo, dolor, tortura y humillación, que grabó en vídeo y que me sentía impotente para detener.

Sólo después de estos actos me dejó dormir. En algunas de estas cintas se le escucha amenazándome de muerte a mí, a mis amigos y a miembros de mi familia.

También me amenazó con filtrar las imágenes que había grabado como una manera de mantenerme callada.

Reuní el coraje de irme varias veces, pero él llamaba a mi casa sin cesar y amenazaba con suicidarse. En una ocasión, volví para intentar solucionar la situación, me acorraló en nuestra habitación y me pidió que me arrodillara. Luego me ató por las manos y los pies. Una vez inmovilizada, me golpeó y torturó partes sensibles de mi cuerpo con un dispositivo de tortura llamado Violet Wand. Para él esto era una manera de demostrar mi lealtad. El dolor era insoportable. Sentí como si dejara mi cuerpo y una parte de mí murió ese día. Lo peor fue que todavía sentía que era culpa mía. La sociedad me había dicho: "Debes irte si alguien te pega", pero esto era mucho más complicado y mucho más aterrador que cualquier cosa para la que me hubieran preparado. No sabía cómo llamarlo.

Después de este incidente, continué haciendo lo que él quería, soportando el abuso constante, diario y, en ocasiones, la violación, hasta que encontré la manera de escapar de forma segura.

El temor al juicio social paraliza a las víctimas de malos tratos

Cuando por fin estuve fuera del control de mi abusador, hice todo lo posible para sentirme segura, lo que significaba poner tiempo y espacio entre mí, él y el abuso. La vergüenza sigue siendo abrumadora.

He tenido que reunir toda mi fuerza para hablar de esto públicamente. El temor de ser juzgada por la sociedad es debilitante y el temor a las represalias de mi abusador es paralizante. Al hablarles hoy y todos los días, me pongo en riesgo, ya que no tengo protección. He tenido que pasar por una terapia intensa para comprender completamente lo que me ha sucedido. Me han diagnosticado trastorno de estrés postraumático, lo que incluye desasociación, ataques de pánico, terrores nocturnos, agorafobia, control de impulsos, dolor crónico en el cuerpo, entre otros síntomas.

Todavía estoy en el proceso de superar todo esto.

El empuje final para poner en marcha la Phoenix Act fue el darme cuenta, años más tarde, de que había hecho esto a varias personas, y era muy probable que hubiera más víctimas. Intenté llevar mi caso a los tribunales, a través de un abogado,para intentar evitar que esto le pase a alguien más.

Sin embargo, la justicia no puede atender mi caso, que tiene muchas pruebas en forma de fotografías y vídeos, que no dependen solo de la memoria, porque ha prescrito.

He vivido con el silencio y la vergüenza por mucho tiempo y ha sido insoportable. Se ha llevado años de mi vida porque era incapaz de contárselo a nadie. Sé que este proyecto de ley no afectará mi caso, pero les insto a que aprueben la Phoenix Act y así crear un colchón para que las víctimas dejen sus situaciones peligrosas, obtengan la ayuda que necesitan y superen su trauma para poder acudir a la justicia y detener a los abusadores en serie, siempre y cuando tengan pruebas innegables. No deseamos crear nuevas leyes o castigos más severos, solo dar más tiempo si las pruebas cumplen con los criterios que estamos presentando. Gracias por su tiempo y por escucharnos hoy.

Contenido publicado originalmente por Evan Rachel Wood en NYLON US
Traducción: Laura Caso
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