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Evan Rachel Wood explica por qué decidió internarse en un hospital psiquiátrico

Social

Evan Rachel Wood continúa el relato sobre su depresión, su intento de suicidio y su internamiento en un centro especializado que le ayudó a salir adelante

Primera parte: Evan Rachel Wood, sobre su depresión: "¿Mamá? Soy yo. Acabo de intentar suicidarme. Necesito ir al hospital".

Al final, quedé con mi madre en una zona de servicio de una carretera secundaria. Quedamos a medio camino porque ninguna de las dos podía esperar a que la otra llegara hasta ella. Recuerdo que cuando la vi me quedé sin aliento. La noche anterior me había despedido de ella mentalmente. Creía que nunca vería a mi familia otra vez. Ahora, la primera cara que veía, como el día en que nací, era la de mi madre. Me sorprendió porque estaba más centrada de lo que nunca la había visto. Parecía fuerte y protectora. No estaba para nada histérica. Caminó hacia mí y me abrazó muy fuerte. Ya nos habíamos abrazado muchas veces, pero esto fue diferente. Me sostenía de verdad. Me sostenía y nada iba a hacerme daño. No mientras ella estuviera ahí. Recuerdo agarrarme a ella llena de vergüenza y en shock. Pensaba que nunca iba a tocar a nadie otra vez. La escuché decirme, en una voz seria pero reconfortante: "Estás bien… Estás bien". Resulta que la que se deshizo en lágrimas fui yo. "¿Qué necesitas?", me preguntó. Tras un instante, le contesté: "Una hamburguesa. Todo lo que quiero es una hamburguesa".

Dos hamburguesas, dos tacos y una quesadilla más tarde en un área de descanso por fin me preguntó: "¿Por qué? ¿Por qué pensaste que tenías que hacer eso?". Después de pensarlo un momento, le dije: "Solo quería un poco de paz". Y era cierto. Mi mente no estaba en un lugar calmado. En ese momento, estaba llena de cicatrices, sombras y, lo más importante, muchísima vergüenza. Estaba lidiando con trastorno de estrés postraumático (TEPT) y no lo sabía. El TEPT está considerado una enfermedad mental que puede tener muchos orígenes y que no es exclusiva de soldados o personas que han servido en las fuerzas armadas. En mi caso, el TEPT lo causaron las múltiples violaciones que había sufrido y una relación muy abusiva que tuve durante años.

Aquí, algunos síntomas de este trastorno:

  • Pensar obsesivamente sobre el trauma.
  • Estar constantemente alerta, muy irascible.
  • Evitar lo que recuerde al trauma, ya sean personas o lugares.
  • Vacío emocional, desconexión de amigos y familia, pérdida de interés en cualquier actividad.
  • Ataques de pánico: un sentimiento muy intenso de miedo, con falta de aire, mareo, sudor, náuseas y taquicardia.
  • Síntomas físicos: dolor crónico, cefaleas, dolor de estómago y problemas intestinales, tensión en el pecho, calambres musculares, dolor en la zona baja de la espalda.
  • Desconfianza en la gente.
  • Problemas con la intimidad.
  • Depresión.
  • Pensamientos suicidas.

He sufrido ataques de ansiedad y pánico durante toda mi vida, pero esto era un nivel nuevo de miedo. Escuchaba mi nombre mientras dormía y me despertaba sobresaltada. En mi estupor, de manera borrosa, veía sombras, figuras de personas en mi habitación. Gritaba y así se disipaban. Tenía miedo de estar sola, pero tampoco quería estar con gente alrededor. Casi no podía salir de casa. Tenía demasiado miedo al exterior. No podía dormir porque cada pequeño ruido me sobresaltaba. Estaba a la defensiva, actuaba impulsivamente, y aún no tenía mecanismos sanos para lidiar con todo ello. Perdí amigos. Perdí oportunidades de trabajo.

Desde fuera, parecía una imprudente sin rumbo. Hice muchas cosas de las que no estoy orgullosa y de las que ahora me doy cuenta. Pero también me perdono. No las había relacionado con el trauma que había sufrido. Tampoco sabía que era un síntoma de nada, excepto de que estaba loca. La mayor parte del tiempo en que sufría lo achacaba a 'mi locura'. Sentía que si tenía éxito no podía quejarme de nada, y cuando lo hacía, nadie me tomaba en serio. Lo que vemos por fuera puede ser muy diferente a lo que está ocurriendo por dentro. Y por eso es por lo que debemos entender que las 'malas elecciones' son a menudo un grito de ayuda. Especialmente en el caso de gente joven que no ha tenido suficiente experiencia en cómo manejar sus emociones.

En mi caso, tengo el gran privilegio y la terrible carga de ser un personaje público. Así que pedir ayuda por una enfermedad mental no era algo que pudiera anunciar, porque la gente está deseando hacer leña del árbol caído, especialmente cuando el que se desmorona es un actor joven. Los medios ya me habían enfangado lo suficiente y el discurso imperante era: "Está loca". Y empecé a creérmelo. La mayor parte del tiempo no vemos a alguien con un problema, lo contemplamos como a alguien a quien podemos destrozar para sentirnos superiores.

Pero no estaba loca, y tampoco necesitaba que me aplastaran cuando ya estaba abajo. Necesitaba ayuda. Y también comprensión, sentir amor incondicional. Me hacía falta no ser juzgada. Desafortunadamente, la mayor parte de estas cosas son imposibles si se hace público que tienes una enfermedad mental y eres una persona conocida. Así, cuando llegó el momento de buscar un hospital psiquiátrico, mi principal preocupación -que la mayor parte de la gente no tiene- fue averiguar cómo conseguir ayuda sin que nadie se enterase, porque si lo hicieran, cualquier oportunidad de reconstruirme se vería seriamente dañada por la crueldad de la gente.

Una cosa que hay que saber es que es extremadamente difícil conseguir ayuda útil para tu salud mental en una crisis, ayuda que sea realmente buena. Cuando mi madre y yo llegamos a su casa llamó a muchísimos sitios. En ninguno había una cama, o no a tiempo. A menos que quisiera ir a un hospital mental estatal, algo que no le deseaba ni a mi peor enemigo. Necesitaba encontrar un lugar en el que me proporcionaran el tratamiento adecuado y en el que pudiera entrar de manera inmediata y discreta.

Es más difícil de lo que pudieras pensar. Vi a mi madre llorar después de colgar el teléfono por quinta vez diciéndose a sí misma: "Solo quiero que ayuden a mi hija, ¿por qué es tan complicado?". Si no me hubiera gastado una significativa cantidad de dinero para cazar al vuelo una habitación decente, no sé lo que habría hecho. Desde luego no era elegante, pero al menos sí decente y segura.

La salud mental no debería ser ningún lujo. Me pareció que yo conseguí superarlo solo por los pelos. Y soy una privilegiada. Imagina cómo sería sin seguro médico ni dinero ni recursos.

Mi madre y yo salimos en plena noche para el ingreso en el hospital psiquiátrico. Yo era como un pajarito, había perdido mucho peso y llevaba la ropa de mi madre, que me quedaba enorme, y estaba tan débil que apenas podía caminar. Atravesamos la puerta. Mi madre seguía concentrada y serena, y parecía aliviada y también ansiosa por conseguirme ayuda. La mujer de la entrada nos recibió y nos enseñó la habitación en la que me iba a quedar. Todo me resultaba surrealista. No podía creer que en un momento mi madre se iría y yo me quedaría allí. No solo era estar allí, es que era donde debía estar. Esa era la parte a la que no podía hacerme a la idea. ¿Cómo había ocurrido esto?

Mi habitación tenía una cama, una mesilla de noche, un baño y un escritorio. Las ventanas daban a un pequeño patio, pero no era posible abrirlas para proteger a los pacientes de sí mismos. Una mujer cuyo nombre ahora se me escapa me preguntó en profundidad sobre mi salud mental, mi pasado, mi niñez, si consumía drogas… Le preguntó a mi madre algunas cosas, pero todo lo que recuerdo es que ella le contestó: "Nunca nos dio ningún problema, era… la niña perfecta". Era evidente que mi madre se sentía culpable porque quizá se le habían pasado cosas que podrían haberme ayudado. Después de algunas preguntas más, la mujer nos miró a mi madre y luego a mí y dijo: "Ahora tenemos que hablar sobre el abuso sexual".

Se me hundió el corazón. Mi madre se excusó educadamente para no hacerme sentir incómoda y también, probablemente, para mantener la cordura. Así que procedí a contarle a esa persona que acababa de conocer todo el trauma que pude recordar y que había sido capaz de recordar lo suficientemente bien como para detectar que había sido un abuso. Muchas cosas seguían aún enterradas, pero lo hice lo mejor que pude. Siempre es difícil contar esas cosas en voz alta. Me oigo pronunciando las palabras, pero no las registro. Parece como si alguien estuviera hablando a través de mí. Esa no puede ser mi historia. Entonces, la mujer me dice que tiene que tomarme una foto para el registro. Dispara. Cuando miro la instantánea, no me reconozco. Llevo el maquillaje estropeado, mis ojos parecen muertos, parece una foto policial. Mi corazón se hunde de nuevo. ¿Cómo, cómo he acabado así? ¿Quién es la persona en la que me he convertido?

La mujer fue muy sensible con mi situación, así que me dejó usar un alias con el personal del hospital y en el brazalete de identificación. Pensé en cómo me quería llamar. Dije lo primero que se me ocurrió, y así se quedó. Me pusieron el brazalete, mi madre se despidió y me quedé sola.

Sentí cierto alivio al elegir un nuevo nombre. No podía recordar lo que se sentía al no ser 'Evan Rachel Wood'. Gran parte de mi autoestima se basaba en serlo. No sabía quién era sin ello y, lo que es más importante, tenía miedo de descubrir si la gente seguiría queriéndome si me convertía en algo que no podía ser deseado. En mi peor momento, ¿aún era valiosa? Seguía sin tener claro si la gente me quería realmente por lo que yo era.

En ese momento dos enfermeras entraron a mi habitación. Me dijeron que necesitaban revisar todas mis posesiones para asegurarse de que no estaba colando drogas, armas o nada que pudiera usar para autolesionarme. Se llevaron el maquillaje que venía en botes de cristal, porque podía usarlos para hacerme daño. Se llevaron mi enjuague bucal, porque contenía alcohol, y los cordones de mis Converse, porque podía usarlos para ahorcarme. Me dieron dos gomas para atarme las zapatillas.

Me explicaron que tenía que desnudarme para que me inspeccionaran el cuerpo y asegurarse al 100% de que no estaba escondiendo nada. Así lo hice. Aunque las enfermeras eran muy amables y me pusieron todo muy fácil, en ese punto ya sentía como si estuviera entrando en la cárcel. Se arrodillaron para mirar de cerca mi cuerpo. No llevaba nada. Me vestí de nuevo. Me dijeron que guardarían todas mis pertenencias y me las devolverían cuando saliese de allí. Me explicaron los horarios: a qué horas eran los desayunos, las reuniones de grupo y cuándo se apagaban las luces. Tenía que cumplir el horario. No se podía estar fuera de la cama más allá de cierta hora. También me contaron que no podía cerrar mi puerta con llave y que alguien podía entrar para comprobar cómo estaba cada 15 minutos.

Les di las gracias, aturdida, y se fueron. El silencio era atronador. Pero, honestamente, me alivió mucho sentirme segura. Sentir que alguien me estaba cuidando, que nadie me iba a encontrar y hacer daño. Apagué las luces y me acurruqué en la cama. Antes de dormirme, comprobé como una enfermera de guardia chequeaba mi habitación con una linterna cada 15 minutos, como un reloj. Después caí en un sueño profundo.

Me despertó mi madre acariciándome el pelo. Me había puesto calcetines mientras dormía y me había traído ropa cómoda de mi talla. Recuerdo sentir su tacto de una manera que no había sentido hacía mucho. Había rechazado todo el amor de mi madre mientras estaba deprimida. Estaba demasiado furiosa y triste como para aceptarlo. Pero hoy no podía sentirme más especial. Sabía que ella no quería que me despertara sola en mi primera noche allí.

Mientras me recuperaba, incluso el acto más pequeño de amabilidad era como desinfectante en una herida abierta: lo necesitaba, pero quemaba. Quemaba con culpa y con vergüenza. Cuando olvidas cómo aceptar amor, duele cuando logras hacerlo. A veces no sabes lo mal que te sentías hasta que te empiezas a sentir mejor, y puede ser algo difícil de aceptar. Empiezas a darte cuenta de lo mucho que te habías estado mintiendo a ti misma.

Tercera parte: Evan Rachel Wood cuenta cómo superó su enfermedad mental
Contenido publicado originalmente por Evan Rachel Wood en NYLON US.
Traducción: Laura Caso.