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OFENDIDITOS, el libro que desmonta los prejuicios sobre los debates en redes sociales

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Getty

La escritora y crítica cultural Lucía Lijtmaer publica 'Ofendiditos' (Nuevos Cuadernos Anagrama, 2019) con el objetivo de arrojar algo de luz sobre el nuevo orden de las cosas que ha venido para quedarse con las redes sociales y el omnipresente debate mediático.

Estaremos de acuerdo en que nos encontramos en una etapa de blancos o negros, aparentemente sin gama de grises posible. Las redes sociales y la "conversación" (por llamarla de algún modo) que se da en ellas ha salido de sus fronteras digitales y se ha instalado en la forma de pensar y debatir general. Resultado: ha muerto el intercambio de ideas y las apreciaciones constructivas. Ahora todo es tachado de ofensa, censura y linchamiento. La escritora y crítica cultural Lucía Lijtmaer ha publicado 'Ofendiditos' (Nuevos Cuadernos Anagrama, 2019) con el objetivo de arrojar algo de luz sobre este nuevo orden de las cosas.

Portada de Ofendiditos, de Luc\u00eda Lijtmaer

No está nada mal, ante el vertiginoso ritmo de los acontecimientos, una pausa para la reflexión. En este nuevo terreno de juego las mujeres, cómo no, estamos entre quienes se llevan la peor parte. La cuarta ola del feminismo en la que nos encontramos está consiguiendo hacerse un hueco en la agenda pública global, desplazar algunos de los temas y puntos de vista hegemónicos, y que se preste atención a la diversidad de sensibilidades. Y precisamente ahí está la cuestión: con la norma hemos topado.

Reírse de quien alza la voz

Ofendidito u ofendidita es el diminutivo que sirve para mofarse de quien se siente ofendido. Se le acusa de hipersensible, de ignorante, de corto de miras, de no saber de lo que habla… ¿Que es una mujer y el tema circunda cuestiones de género? Ya está: puritanas. Moralistas. Acusadas de cercenar y ahogar la libertad individual por, qué se yo, por releer Lolita de Navokov en clave de género (y sacar a la palestra comentarios que no todo el mundo quiere oír); por reclamar que el humor debe ser contra el poderoso y no contra el débil; o por aplaudir y alimentar el crecimiento del movimiento #MeToo.

'Es que ya no se puede decir nada', dicen los señoros (o los Fieros Analistas del libro). 'Es que resulta que antes decíais cosas que herían muchas sensibilidades', replicamos ahora. ¿Censura? No, libertad de expresión. ¿Autocensura? ¿Corrección política? ¿Neopuritanismo? ¿Qué demonios?

Cuando el privilegio tiembla

Y es que los opinadores profesionales, ubicados en sus sempiternas columnas de opinión, no están demasiado acostumbrados a que se les rebatan sus argumentos. A que se les cuestione su falta de sensibilidad. A que se les tache de falta de empatía. A que todo esto venga de la periferia de lo hegemónico. Y se quejan de que sufren "linchamientos mediáticos". Ojito a la evolución en el significado de la palabra linchamiento que, como apunta Lijtmaer en el libro, dista kilómetros frente al verdadero significado histórico del término: perder la vida a manos de una multitud.

Si para algo ha servido la horizontalidad de las redes es para escuchar otras voces y, ¡oh sorpresa! no solo las de los privilegiados. Privilegiados que ¡oh sorpresa! ahora se sienten amenazados. Para hacerse oír tienen que ser más políticamente incorrectos que nunca. ¿Que resulta que se les rebate por primera vez en la historia? Pues a hacerse las víctimas. La elasticidad de la libertad de expresión en nuestro país o La Ley Mordaza son temas que no les interesan: para ellos el verdadero yugo viene por los 'ofendiditos'. Y se sienten legitimados para ridiculizar el derecho a la protesta, actitud que ha calado en buena parte de la sociedad. Pero, ¿qué es el intentar acallar una cada vez mayor pluralidad de voces sino algo que viene muy al caso con el resurgir del fascismo que se observa en el mundo entero? Si lo piensas, no es descabellado...

Hoy en día, momento en que las noticias que salen en televisión son la enésima gresca que sucedió ayer en Twitter, resulta más que estimulante entregarse a este breve ensayo de Lijtmaer. Porque no está de más adquirir un poco de distancia, identificar y ubicar las piezas del puzzle mediático en que vivimos, y afianzar el espíritu crítico propio para evitar dejarse llevar por la inercia de la masa.