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EL ALGORITMO DEL AMOR ¿Hace Tinder match con la nueva masculinidad?

Relaciones

Nos adentramos en 'El algoritmo del amor. Un viaje a las entrañas de Tinder', el libro en el que la periodista Judith Duportail destripa el funcionamiento y lógicas de Tinder en contraste con conceptos contemporáneos como la nueva masculinidad...

A Judith Duportail, una periodista millennial francesa especializada en cómo la tecnología ha adulterado las relaciones sentimentales y la libertad, le inquietaba Tinder tanto a nivel personal como profesional. Sensaciones encontradas con las citas, con la manera de interactuar con ellos, y algún desengaño amoroso le llevaron a buscar toda la información posible sobre su funcionamiento, sobre los datos que almacenaba, y a desarrollar una búsqueda de respuestas por su cuenta. El resultado, además de un artículo en The Guardian, es el libro 'El algoritmo del amor. Un viaje a las entrañas de Tinder', publicado en España por la Editorial Contra, que explora el funcionamiento de la dating app en contraste con conceptos contemporáneos como la nueva masculinidad.


El algoritmo del amor. Un viaje a las entrañas de Tinder.Editorial Contra

Aquí hay investigación, hay narración de un proceso trepidante y hay autobiografía de la autora. Un libro valiente y esclarecedor sobre una entidad muy opaca y que fluye en el día a día de nuestras relaciones personales y las de nuestros allegados: Tinder. Una App que pone a disposición de las personas un servicio de citas sin miedo al rechazo -ambas partes le han dado a like mutuamente antes de poder empezar a hablar-, pero que no es tan equitativa en todo lo concerniente a su funcionamiento. Ni transparente.

Lo cierto es que, además de no ser neutro, su modus operandi es como la fórmula de la Coca Cola de nuestros días, pero plasmada en un algoritmo. Precisamente a ese conjunto de operaciones conformadas en un código y a su patente es el oro en paño que llega Duportail, de donde extrae las informaciones más jugosas que demuestran cómo Tinder favorece roles y estereotipos de género que llevan a relaciones de poder y dominación típicas del heteropatriarcado.

La clave estaba en la patente

Así se desprende de las conclusiones del análisis de Jessica Pidoux, doctoranda en Humanidades digitales de la Universidad Politécnica de Lausana, que es quien le da el soplo de la patente a la autora del libro del que hablamos hoy aquí. En un análisis de la patente Jessica escribe:

"En el caso de Tinder, la socialización está condicionada por el modelo patriarcal de las relaciones heterosexuales. (...) La patente perfila un algoritmo que deja margen para favorecer que hombres de más edad contacten con mujeres jóvenes, menos pudientes y con menos estudios. Un algoritmo que también puede hacer que parezca que hay un cierto azar en los encuentros con desconocidos, para así favorecer que estos crean en un destino compartido".

Lo que sea para fidelizar a las personas usuarias y que se impliquen: dispositivos de reconocimiento facial para proponer perfiles similares a los que han gustado con anterioridad; un sistema de reconocimiento visual para categorizar fotos llamado Rekognition; configuraciones que busca similitudes debajo de las piedras para crear la falsa ilusión de que ha sido cosa del destino; monitorización de intereses; medición de niveles de belleza y de inteligencia… Mucho más que puras circunstancias demográficas, vaya.

Y un valor numérico que fluctúa según mercado (más adelante le dedicaremos unas líneas al capitalismo emocional). Según los análisis de Jessica Pidoux, a las personas no se les otorga un valor absoluto en Tinder, y se mueven en un entorno de bonificaciones y penalizaciones que se calculan con respecto a otra persona, con quien se les compara en cada caso. Datos como la edad, la profesión o el nivel de ingresos aportan puntos. Pero no a ambos sexos por igual.

A continuación leemos un par de extractos literales de la patente publicados en 'El algoritmo del amor':

"El servidor se puede configurar para sopesar las diferencias y las similitudes demográficas según el sexo del usuario. Solo a modo de ejemplo, imaginemos que Harry y Sally son dos usuarios registrados (...). En este ejemplo, Harry tiene diez años más que Sally, gana 10.000 dólares más que ella al año, y tiene un máster, mientras que Sally solo tiene un grado. A pesar de las diferencias, el servidor atribuirá al perfil de Sally una puntuación alta que aumentará sus posibilidades de aparecer en la lista de resultados de Harry".

Pero, ¿qué sucede cuando es al revés? He aquí el quid de la cuestión:

"Sin embargo, si es Sally quien hace la búsqueda y el servidor evalúa el perfil de Harry, se puede obtener un resultado distinto. Así, si es Sally quien tiene diez años más, gana 10.000 dólares más y tiene un máster, mientras que Harry solo tiene un grado, el servidor atribuirá una puntuación baja al perfil de Harry, con lo que tendrá menos posibilidades de aparecer en la lista de resultados de Sally".

En efecto, no hay reciprocidad ni se la espera. La mujer 'poderosa' es penalizada, ¡nos suena de algo! El sistema de emparejamiento nunca favorecerá que se conozcan.

En otro pasaje señalan la importancia de la diferencia de edad vinculada al género, una feature que Tinder define como el 'gender-role traditionalism', con la que se mide el atractivo de una persona a partir de su género y de su diferencia de edad para ofrecer puntos adicionales a los hombres de más edad y a las mujeres más jóvenes. Y lo justifican aludiendo a "estudios empíricos" que no detallan, y que seguramente se escudan en "reflejar la realidad", esa que precisamente la sociedad clama por cambiar a través del feminismo y del progreso.

Un factor de emparejamiento ocultado en todo momento a las personas usuarias, y que además colisiona con la imagen progresista que quiere dar la empresa, que de vez en cuando lleva a cabo iniciativas con tufo a pinkwashing como la campaña #TinderforEquality por la igualdad salarial, u otra que llevaron a cabo "para apoyar a las mujeres bravas".

Capitalismo emocional y sexual

Relaciones de usar y tirar. Consumo. Usar a las personas. Ausencia total de compromiso (no necesariamente amoroso, sino como actitud en la vida), de sinceridad y de respeto. De las 800 páginas de datos suyos que Duportail consigue que Tinder le entregue y de las conversaciones allí registradas se desprende que los hombres entran a la App para pasar el rato y las mujeres para mejorar su autoestima. Eso sucede cada día en Tinder y de eso se sirven en pos de sus objetivos económicos (recuerda: el producto eres tú y los datos que tienen almacenados sobre ti) y de crecimiento. Una entidad que queda claro que tiene cero interés en que cambien las cosas.

El relato del libro cuenta en primera persona cómo la autora sufrió estas dinámicas de consumo emocional en sus propias carnes, y todas conocemos casos de mujeres desencantadas con la aplicación por los hombres con quienes habían dado en ellas: mansplaining desde el minuto cero, male gaze como norma, explotación de los complejos inducidos a las mujeres… Nada nuevo bajo el sol en un caldo de cultivo que llevan a relaciones de poder y dependencia. Eso es exactamente lo que reproduce Tinder. Y eso abarca desde la puntuación ELO (una puntuación secreta que tiene cada persona usuaria) a las lógicas de los match, que según explica el libro te emparejan "contra alguien", no con alguien.

Puntuarlo todo, valorar el coste de oportunidad, decidir en base a la posibilidad de "conseguir algo mejor", aportar una visión que excluye cualquier clase de empatía y que se convierte en una suerte de competición. Y acumular más, más y más. Así funciona Tinder y la mente de muchos usuarios. Una dinámica de consumo facilitada por el diseño de la usabilidad de la App: es el Dark Pattern, ese sistema que tras el match propone seguir deslizando, valiéndose del uso de colores y códigos propios de los videojuegos, y promoviendo las pequeñas y adictivas recompensas en forma de serotonina. Un gran hermano que lo controla todo, y unos seres humanos al parecer muy predecibles.

Como en todo, una cuestión de perspectiva

No es la primera vez que alguien dedicado al periodismo investiga al respecto de los entresijos de esta red, aunque hay diferencias de enfoque. El primero en publicar sobre la puntuación ELO fue Austin Carr, que escribió un artículo en FastCompany.com centrándose solo en cómo afectaría a su ego el conocimiento de esa puntuación secreta.

La autora del libro que tenemos entre manos, Judith Duportail, va mucho más allá y se pregunta cómo se evalúan los perfiles, por qué, dónde se almacenan los datos y a quién pertenecen, durante cuánto tiempo se conservan, y si se venden a agencias de publicidad. "Algo me dice que disponer de un listado de mujeres que se pasan el día en Tinder recibiendo calabazas puede ser de interés para marcas de cosméticos, cadenas de gimnasios, o incluso para otras páginas de contactos, que podrían usar publicidad selectiva", explica la periodista en el libro.

Al fin y al cabo Tinder se activa con un impulso rápido y sencillo que las mujeres llevamos años aguantando: la evaluación únicamente por cuestiones físicas, por la apariencia. Y según un estudio de la Universidad de North Texas mencionado en el libro, las dinámicas de Tinder podrían afectar al ego de los hombres "al ponerlos en una 'situación femenina'". Interesante dato que por supuesto Tinder no ha querido obviar en la patente de su algoritmo.

La información es poder

Como señala Duportail en su libro, los aprendizajes que podemos extraer sobre todo esto no quieren decir que conocer a una potencial pareja vía Tinder o encontrarte en una relación surgida en la App sea peor ni mejor, pero siempre es bueno ser conscientes al máximo del funcionamiento de las cosas. Quizás tras comprender las lógicas del algoritmo reconozcas un patrón de personalidad y/o comportamiento con sesgo patriarcal en la amalgama de hombres con los que has tenido interacción tras un match mutuo. No es casualidad: es que la App está diseñada así... Y a la autora del libro le ha costado sangre, sudor, investigación, implicación personal y lágrimas desentrañarlo.


Una obra imprescindible para conocer cómo se desarrollan los acontecimientos en este mundo altamente tecnologizado, más allá de que te interese ligar por Tinder o no.


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En cuestiones de igual de género, las líneas siempre son difusas... Por eso te proponemos una pequeña prueba para ver en qué bando está tu hermano, tu supercolega, tu primo preferido o tu pareja: en el de los aliados del feminismo o en el del machismo del siglo XXI.