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'Spanking': Por qué deberías incluir los azotes en el sexo

Relaciones
Foto: Velizar Ivanov / Unsplash

El spanking puede mejorar tu vida sexual incluso aunque pienses que no es lo tuyo. Te contamos sus beneficios y cómo empezar a incorporar los azotes en el sexo (si te apetece) y así no tener que fingir el orgasmo.

Todos construimos narrativas en torno al sexo que practicamos, el que queremos practicar y el que no practicaríamos en un millón de años. Estas historias nos permiten pensarnos y construirnos, pero también nos ahogan. "Una de las cosas más poderosas que existen es la historia que una persona cuenta sobre el sexo que practica, con quién lo hace, por qué, lo que le aporta y lo que quiere que le aporte", explica Lilah Aslan*, una investigadora sexual. "Creo que hay una necesidad cultural de pedirle a cualquiera que se salga del guión sexual establecido que se justifique… Tienes que crearte un lenguaje que el resto entienda y luego relacione contigo, lo que resulta poco realista". En otras palabras, con algo tan complicado como la sexualidad, la gente exige definiciones, grupos en los que se puedan sentir identificados. Series como Euphoria, con el personaje de Kat convirtiéndose en dominatrix para mejorar su autoestima, o sus comentadas escenas de sexo, nos muestran las complejidades de la identidad sexual. Obviamente, no es posible categorizar de manera ordenada cada aspecto de lo sexual. Vamos a tomar como ejemplo el 'spanking'.

La gente que quiere experimentar con los azotes suele ser categorizada dentro de uno de estos tres grupos, explica la experta: gente que se identifica como 'kink' y lo practica desde la 'filia', aquellos a los que específicamente les encanta el 'spanking' y incorporan en su vida sexual sin considerarlo una práctica poco común y aquellos que no pertenecen a ninguno de los anteriores grupos y que lo practican de vez en cuando sin que eso forme parte de su identidad sexual.

Todas estas personas y también las que no practican nunca el 'spanking' tratan de imponer su visión sobre lo que es esta práctica a los demás.

"La gente que participó en mi investigación parecía aferrarse a historias muy arraigadas sobre lo que significaba incorporar el 'spanking' en el sexo", cuenta Aslan. “La gente decía 'Oh, parece que les gusta jugar con el poder', o 'Les gusta el sexo 'kink' y si dicen lo contrario se engañan a sí mismos'. Creo que es obvio que muchas personas intentan decirle a otras quiénes son y cuál debería ser su identidad".

La única razón para practicar 'spanking' es querer hacerlo

A menudo es difícil separar el sexo del contexto cultural sobre lo que es el sexo. A menudo asumimos que las cosas que hace una persona componen su identidad, cuando la realidad es mucho más compleja. Pero al final todo se reduce a que nadie debería decirte quién eres ni cómo te identificas.

"Al margen de fantasías o deseos sexuales, siempre es positivo examinar de manera crítica las narrativas sociales porque a menudo las tenemos tan interiorizadas que no nos damos cuenta que no son fruto de nuestro propio pensamiento. Hacer algo de introspección para ver de dónde vienen nuestros valores y creencias en lo relativo a la sexualidad (el género, la organización social) puede resultar beneficioso para conocerse, trabajar en la propia identidad y tener relaciones sexuales más íntimas y satisfactorias, entre otras cosas", explica Dulcinea Pitagora, psicoterapeuta y terapeuta sexual de Manhattan.

Si has decidido cambiar tu propia narrativa sobre cómo los azotes pueden encajar en tu vida sexual, adelante. Olvídate de todo lo demás. La mejor razón para incluir el 'spanking' en tus relaciones íntimas es porque quieres hacerlo. Es divertido si te apetece y te llama la atención.

"El 'spanking' puede ser divertido o doloroso dependiendo del contexto y del estado emocional, psicológico y sexual del a persona en ese contexto", explica Pitagora. Si tu pareja de 'spanking' y tú estáis en un buen momento, habéis hablado de ello antes y os apetece mucho probarlo, los azotes pueden ser muy disfrutables porque el culo es una zona erógena a nivel psicosexual y psicológica, nos explican las expertas. Asociamos el culo a tabús sexuales positivos, como tener sexo al estilo 'perrito' y la experimentación anal Además, nos gusta mirarlo. Son sexys. Y, por si fuera poco, el ano y la cavidad anal cuentan con muchas terminaciones nerviosas con un tremendo potencial para el placer.

"El flujo sanguíneo es ciertamente parte de esa sensación, dado que aumenta la temperatura y la sensibilidad de la piel. También influye por proximidad, ya que cuando se incrementa el flujo sanguíneo en el trasero, también lo hace en la zona de los genitales", añade Pitagora.

¿Cómo empezar con esta práctica sexual?

Para ponerse en situación, el azotador puede sentarse en una cama o sofá con el azotado en su regazo. La persona que vaya a recibir las cachetadas puede arrodillarse con las manos apoyadas, o ponerse sobre las rodillas, con los brazos a la espalda y la cabeza apoyada, con el azotador de pie o arrodillado detrás. "Para la gente que practica yoga, esta última posición es ideal", apunta Pitagora. Dependiendo del cuerpo y del mobiliario, puedes experimentar tendiéndote sobre el brazo del sofá o una mesa. El azotado también puede ponerse de pie, con los pies separados al ancho de sus hombros, ligeramente inclinado y agarrándose al marco de una ventana o puerta, una encimera o una barandilla. También ayudan los cojines debajo de las caderas para ayudar a conseguir la posición. Lo más importante es estar cómodo. "Si alguna de las dos personas se encuentra a disgusto, se va a distraer y todo va a resultar menos sexy".

Una vez situados, se empieza a calentar poco a poco el trasero de la pareja con golpecitos ligeros hasta que la piel se enrojezca ligeramente o hasta que pida azotes más fuertes. Las mejores zonas para empezar son las más carnosas: las partes más redondas de los cachetes y justo debajo de ellos, donde empieza la pierna. Hay que asegurarse de evitar la zona baja de la espalda y los riñones. Dejar la mano justo encima de donde empieza la división de los cachetes puede ayudar tanto a evitar esas zonas delicadas como a sentirte más conectado con la otra persona.

Si nunca has practicado el 'spanking' ni nada similar, empezar puede resultar raro. Es normal sentirse tonto. Es importante que te comuniques verbalmente con tu compañero. Reíros si os hace falta.

"A veces reír puede resultar liberador y te permite explorar más allá. Si a alguien le resulta difícil meterse en el papel o divertirse, a menudo es porque se está preguntando lo que su pareja está pensando o sintiendo", explica la experta. “La mejor manera de averiguarlo es preguntar '¿estás disfrutando?, ¿quieres que pruebe alguna otra cosa'. Igualmente, puede ser de ayuda que tú también expreses tu disfrute y lo que te gustaría hacer".

*Lilah Aslan es un pseudónimo.

Contenido publicado originalmente por Carolyn Yates en NYLON US.
Traducción: Laura Caso.
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