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El cuerpo de ADAM DRIVER en Los muertos no mueren y Paterson o la encarnación de la masculinidad tóxica

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Foto: Los muertos no mueren

Más allá de los memes sobre su altura (y cuadratura), analizamos el cuerpo de Adam Driver en sus últimas interpretaciones y lo que nos cuenta sobre la masculinidad normativa -tóxica-. Con spoilers, eso sí.

La mejor broma en Los muertos no mueren (pequeño spoiler por aquí) es cuando Adam Driver aparece conduciendo un smart, doblado en el asiento como si fuera una cama plegable. Ver a Adam Driver salir de un coche enano es tan divertido como ver a dos docenas de payasos de circo salir de un Volkswagen Beetle. No se puede leer esa elección de automóvil más que como una forma de compensar un exceso de masculinidad. Es una disculpa: Lo siento por ocupar tanto espacio. No es mi culpa ser el más grande y el más fuerte, ni siquiera hago ejercicio. Si hace poco nos preguntábamos por qué amamos a Keanu Reeves, ahora no nos queda otra que plantearnos: ¿no querremos más, acaso, a Adam Driver?


Mira majo, por muy hetero que seas, hay momentos de duda... Y el cine los proporciona con relativa frecuencia. Aquí encontrarás siete películas que puede que te hagan dudar, como a mí, de tu heterosexualidad masculina.


Si buscas en Google "altura de Adam Driver" -como seguramente muchos habréis hecho- veréis que mide 1,89 m, es más bajito que Elizabeth Debicki, pero Driver no es mera o accidentalmente alto, como Debicki a veces parece ser, o incluso como el 1,94 m de Jeff Goldblum (aunque Goldblum a veces interpreta 'al alto', como en La mosca, o, claro, Un tipo de altura, porque uno no sale de Parque Jurásico particularmente abrumado por su estatura).

Driver está en Broadway ahora mismo en una versión de la obra de 1987 Burn This, y no es porque es casi tan alto como Debicki que, cuando empezaron las funciones de la obra, The Cut publicó un artículo, escrito por cuatro autores, llamado ¿Cómo de alto es Adam Driver en Burn This? La respuesta es, lógicamente: muy grande. ("Adam no es tanto el gigante en Jack y las judías como la propia planta de las judías en sí. Alcanza el cielo, se le puede escalar").

Pero eso no agota el tema. Si la forma en que Driver utiliza su cuerpo en sus interpretaciones fuese solo para sembrar calenturas virales, entonces, bueno, vale, pero en ese caso, no tendría nada de qué disculparse, no hay razón para encoger las piernas de esa manera en un coche demasiado pequeño para él. Adam Driver no es el niño grande de nadie, el novio-alto-convertido-en-meme de nadie.

Adam Driver, la masculinidad en estado de negociación

En su trabajo de cine y teatro, vemos un cuerpo masculino físicamente poderoso en constante negociación con su propio potencial para dominar a una persona, y para cautivar o alienar a una audiencia. The Dead Don't Die va de un apocalipsis zombie, y cuando llega el fin del mundo, cuando el no muerto se levanta, el personaje del conductor del smart de las primeras escenas comienza a desarrollarse. Se desinhibe y se convierte en un cuerpo capaz de provocar violencia real.

En Burn This, (que podrá verse en Nueva York hasta el 14 de julio) Driver interpreta a un gerente de un restaurante de Nueva Jersey que irrumpe en la vida de Keri Russell como un vendaval de dolor, cocaína e impulsos incontrolables. Ella es bailarina, un poco frágil y un poco snob. Él es el hermano de su compañero de baile gay muerto, con el que no tenía relación, alguien que odia la ciudad y no entiende el arte. Pero, su necesidad es tan desnuda, sus ansias son tan intensas, su temperatura corporal normal es literalmente más alta que la de ella, o la tuya o la mía, que de alguna manera parece un artista. Inspira tanto al personaje de Russell como la asusta. Irrumpe en su desván de Manhattan al comienzo de la segunda escena (una entrada de estrella) y le insufla vida.



Paterson, filósofo cotidiano, ex soldado con estrés postraumático

En Paterson, su colaboración previa con el cineasta de Los muertos no mueren, Jim Jarmusch, Driver reinó en ese afán de destrucción, la sublimó en rituales diarios. La película sigue a un conductor de autobús-poeta a través de una semana típica e invariable: Paterson se despierta unos minutos antes de su alarma. Camina, almuerzo en la mano, al garaje; conduce su autobús a través de la zona donde vive la clase trabajadora de Paterson, Nueva Jersey, pensando en su mujer, Laura (Golshifteh Farahani), y en sus versos. Come su almuerzo en el parque junto a la cascada, donde garabatea algunas líneas. Por la noche, camina con su bulldog al bar local, donde se sienta y se toma algo, es uno de los clientes habituales.

Jarmusch ha refinado su estilo y muchos espectadores ven en Paterson el idealizado retrato de un artista obrero, un filósofo cotidiano, en lugar de lo que realmente es la película, que es un estudio de un veterano de guerra que sufre estrés postraumático y se tranquiliza con la rutina. En la mesita de noche de Paterson hay una foto de él como un joven infante de marina, como lo fue Driver antes de que un alta médica lo enviara a Julliard. Sus orejas grandes se extienden debajo de su gorra de vestir. Es la cara de un niño flaco que todavía no ha pegado el estirón.



Ahora, Driver es grande de una manera que sugiere fuerza funcional y un desinterés paleo-masculino retrógrado en comer sano o hacer cardio inútil, vano; mire el meme de Ben Swolo y verá músculos grandes y funcionales debajo de un torso engrosado como el de un hombre adulto. Sin embargo, en Paterson, su ancha espalda se enrosca sobre sí misma como una ola a punto de romper cuando se inclina sobre su cuaderno, la rueda de su autobús, su jarra de cerveza, convirtiéndose en un objetivo más pequeño: se ve tan solícito, un signo de interrogación humano.

Paterson o el hombre desconectado de su cuerpo

La esposa de Paterson, Laura, es excéntrica, con un propósito: hace pastelitos, que adorna, como el resto de la casa, con dibujos caprichosos en blanco y negro. Ella se burla con cariño de los enormes pies de Paterson, lo suficiente como para sacarlo de su ensimismamiento, pero no tanto como para que no se sienta seguro. Cuando dice que sus poemas escritos a mano y sin publicar deberían "pertenecer al mundo", él le repite las palabras en voz baja: "¿El mundo? Bueno, ahora sí que estás tratando de asustarme".

Se mueve a través de su día con calma pero con cautela, sus ojos se mueven rápidamente, su rostro rompe con un alivio genuino cuando alguien hace una broma y alivia la tensión que lleva a todas partes en sus lentos pasos. Cuando se interrumpe su rutina, como su autobús se avería y lo deja al borde de la carretera, se tensiona, su cerebro y su cuerpo se desincronizan: su mente se acelera cuando sus movimientos se vuelven vagos o su cabeza se vuelve borrosa cuando sus movimientos se vuelven repentinos.

Cuando un amigo del bar blande un arma (de mentira, pero ¿cómo va a saberlo él?), finalmente se suelta. Paterson lo derriba al instante, lo desarma y lo atrapa en una sola secuencia continua, un borrón de reflejos, y luego tarda una eternidad en relajarse, hablando a mil por hora, perdido en la memoria de su propio cuerpo.

La violencia en Los muertos no mueren

Hay un recuerdo de la escena del bar de Paterson justo al principio de Los muertos no mueren. Driver y Bill Murray interpretan, respectivamente, al oficial Ronnie Peterson y al jefe Cliff Robertson, oficiales de policía en un lugar llamado Centerville ("Un lugar realmente agradable"), y la primera vez que nos los topamos, están respondiendo a una llamada sobre el 'loco del pueblo', el ermitaño Bob (Tom Waits). Están en el bosque y saben que Bob se esconde en algún lugar en las sombras. Ronnie está tenso, Cliff, relajado y seguro de sí, del modo que tan bien lo hace Bill Murray.

Cuando el ermitaño Bob hace un disparo de advertencia, Driver apunta y dispara su escopeta, dejando ver el entrenamiento de los marines, antes de que su personaje sea realmente consciente de lo que pasa, antes de que Bill Murray haga cualquier movimiento. Jarmusch escoge actores a los que se le da bien amplificar personalidades, pero dentro de las voces ralentizadas y compartidas de Driver y Murray, hay una diferencia notable entre Ronnie, quien está ansioso por hacer cosas de policías, y Cliff, que nunca quiere que suba la temperatura.

Pero la temperatura está aumentando. En la película el cambio climático es catastrófico, el "fracking polar" ha desviado la rotación de la tierra, lo que ha hecho que la noche cambie de día y que los muertos se levanten de sus tumbas, como el mar que se eleva sobre la costa. La persona que tienen en la celda de comisaría se transforma y Ronnie la decapita (¿a ella?) a golpe de machete. Eran "buenos cortes", dice Cliff después, impresionado, y realmente lo eran.


Los muertos no mueren

Pero un cuello es un cuello, incluso si es de zombie. Más tarde, en el motel de la ciudad, Ronnie tiene la oportunidad de cortar unos cuellos más. Algunos hipsters que pasaban por Centerville han sido mordidos, y él los decapita antes de que puedan regresar como zombies. Su compañera, Chloë Sevigny, se pregunta, aprensiva: ¿Realmente tenía que hacerlo? Sí que tenía que hacerlo, pero ella proporciona un contrapeso humanizante, un reconocimiento de que la tarea es sucia, brutal y repugnante. Hay dignidad y compasión en que a uno le afecte una muerte violenta.

Cuando Driver levanta la cabeza cortada de una mujer joven por la coleta, en un ejercicio de malos efectos especiales, resulta ridículo, pero a pesar de ello es horrible y es difícil sentir nada al respecto. La respuesta de Sevigny es un desafío para Ronnie, para que no se divierta tanto haciendo-lo-que-un-hombre-tiene-que-hacer, pero que rara vez se puede hacer en estos días, cuando la atención cultural se ha alejado de los impulsos físicos masculinos, y se ha centrado más en los lugares en los que esos impulsos impactan. Pero bueno, ese cuerpo en la cama no es real, ¿verdad?

¿Apocalipsis zombie o metáfora del cambio climático y la masculinidad normativa?

La voz de Driver no cambia, pero su cuerpo habla. Esto es para lo que sirve: para blandir un machete frente a un cadáver, a punto de probar su fuerza, con las piernas abiertas y el pecho hinchado mientras sus pulmones se llenan de aire.

En un momento dado, los tres oficiales de policía se pasean por Centerville cuando Ronnie tiene una idea. Driver baja la ventanilla, asoma la cabeza como un labrador, y batea la cabeza de un zombi. Se sienta de nuevo en su asiento, todavía bullendo de adrenalina. La máquina de matar inactiva de Paterson se ha despertado; el desastre de personaje de Burn This lo tiene todo bajo control.

En el cementerio, mientras los zombies invaden su coche patrulla, Ronnie le repite a Cliff una última vez la frase que lleva recitando toda la película: "Esto no va a acabar bien". Jarmusch convierte esto en algo generacional, un millennial explicándole a un baby boomer que no, que las cosas no están bien, nunca volverán a estar bien. Pero no es exactamente fatalismo lo que mueve a Ronnie a "irse a batear" zombies, incluso a los que alguna vez fueron sus amigos más cercanos.

Drive se convierte en un derviche de violencia, lleno de gracia cuando se enfrenta a la invasión de la única manera que sabe, viviendo la fantasía de cualquiera que haya almacenado armas de fuego, haya estado jugando durante 24 horas seguidas o haya declarado que solo hay dos géneros y una manera para ser cada uno de ellos: hasta que ser derrotado y vencido. Como Davy Crockett en el Álamo (la versión de Disney o de John Wayne, no la versión real). Muere con un arma en la mano, muere como un hombre. ¡Felicidades!

Contenido publicado originalmente por Mark Asch en NYLON US