CERRAR
MENÚCERRAR

Lo que las escenas de sexo en EUPHORIA (HBO) nos enseñan sobre la diferencia entre relaciones consentidas o deseadas

Social
Foto: HBO

Las escenas de sexo son de lo más comentado capítulo tras capítulo en Euphoria, la serie de HBO que está marcando este verano 2019. Analizamos cómo todas ellas son una lección de que no es lo mismo "consentir" que "desear"...

Las escenas de sexo de Euphoria, una de las mejores series de HBO de este 2019, han volado muchas pelucas y levantado muchos monóculos. ¿De verdad hacen eso los adolescentes? ¿Era eso un supercut de 30 penes? ¿Puede alguien, como hace Kat Hernandez, utilizar la dominación sexual como inyección de autoestima? Nosotros, de todo lo que hemos aprendido de esta primera temporada de la serie (que ya tiene confirmada una segunda entrega), nos quedamos con cómo muchas de esas escenas de sexo que tanto han dado que hablar nos cuentan mucho sobre la diferencia entre el sexo consentido y el deseado.

Es innegable que en Euphoria la gente f*lla mucho, incluso podríamos plantearnos si el adolescente medio lo hace tanto y con tanta soltura como en la serie protagonizada por Zendaya. Sin embargo, una de las características más comunes a todos esos polvos donde tanto huele a teen spirit es que pocos son satisfactorios para las mujeres. Y no ya satisfactorios, sino si son encuentros deseados o se quedan en el territorio de lo tolerable.

Podemos hacer un recuento. Por ejemplo, el desolador encuentro de Jules y el padre de Nathan, el exitoso y respetable padre de familia Cal Jacobs, un sexo a cambio de aceptación, de ser vista, en la que la joven soporta una violencia que no desea despersonalizándose de su cuerpo. O cuando McKay está en la habitación con Cassie, irrumpen sus compañeros de fraternidad para humillarle (la humillación de ella parece no importarle a nadie) y paga su rabia en un intercambio en el que literalmente se descarga usando el cuerpo de su compañera, que ha dicho que quiere sexo, sí, pero quizá no ese sexo. O todo el porno que ve Maddy simplemente para aprender cómo complacer a su atleta lleno de testosterona.

Ni siquiera resulta una excepción Kat, que aunque consigue invertir el peso de la sextorsión y la belleza normativa en empoderamiento sexual, convirtiéndose en dominatrix a través de la webcam y sintiéndose poderosa al ser capaz de acostarse con hombres que sentía fuera de su liga. Como contaba la directora de make up de la serie, Doniella Davy, al explicarnos el significado oculto del maquillaje de Euphoria y la evolución de este personaje, que pasa de "virgen autoconsciente que escribe fan fictions -no hay nada malo en eso, de hecho, eso es asombroso- a una versión sexualizada de ella mucho más segura, pero quizá sobre-compensada en este aspecto [...]".

El consentimiento en el sexo no siempre es libre

En definitiva, las chicas de Euphoria son un ejemplo perfecto de cómo existe una importante área gris entre lo que en el imaginario popular todos visualizamos como una violación y lo que debería ser un encuentro sexual consensuado y deseado. Un tema de conversación que ha entrado de lleno en el espacio público de debate a raíz del #MeToo y todo el proceso judicial relacionado con el caso de La Manada.

¿Recordáis aquel cuento del New Yorker llamado Cat person que describía un incómodo encuentro sexual que enfadó a tantos hombres? ¿O el testimonio en la web Babe de aquella chica que afirmaba haberse ido a casa con el cómico Aziz Ansari (con Lena Waithe, su compañera en Master of None, hablamos hace unos meses) y haberse arrepentido mucho de ello por la falta de consideración del artista? Muchos entendieron, tanto del relato de ficción como del real, que una vez una mujer había 'consentido' una serie de prácticas, la sensación de arrepentimiento posterior solo era fruto de una culpabilidad 'judeocristiana' o de falta de madurez a la hora de afrontar las propias decisiones.

Sin embargo, esto ignora por una parte las circunstancias del consentimiento, que puede estar influido por el miedo, por las convenciones sexuales ('si he ido a su casa', 'si he empezado con los preliminares', 'si nos acostamos ya aquella vez'...), por el chantaje emocional ('es mi pareja, le quiero, no quiero que sienta que le rechazo')... y por otra la incapacidad de una persona de preocuparse por lo que la otra desea en cada momento. Todo esto lo refleja de manera magistral aquel corto de la directora francesa Chloé Fontaine Je suis ordinaire, que también se hizo viral en su momento ante las quejas de muchos hombres sobre lo exageradas que eran todas esas mujeres que se sentían identificadas, que demuestra cómo dentro de la pareja a menudo se producen situaciones que bien podríamos calificar de violación:

Igual que en esta pieza, ninguno de los encuentros sexuales de las chicas de Euphoria concurre con la amenaza de violencia. No hace falta. Jules, Maddy, Kat o Cassie creen que no siempre pueden tener el sexo que desean. A veces piensan que hay que conformarse con el sexo que 'consienten'.


True