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¿Cómo se vuelve a hacer ejercicio después de sufrir un trastorno de alimentación?

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Todo lo que hay que tener en cuenta si estás pensando volver a hacer ejercicio tras sufrir un trastorno de alimentación

Cuando estaba en la universidad no tenía control prácticamente sobre nada en mi vida. Así que le dediqué un montón de atención poco saludable a hacer ejercicio. Me sentía insegura en mi trabajo y acerca de mi futuro, así que empecé a hacer ejercicio todos los días, muchas horas. A menudo, sentía que tenía que dedicarle al menos tres horas para sentirme satisfecha. Si faltaba un día, estaba súper atenta de las calorías que estaba ingiriendo, y me parecía que podía notar hasta la más mínima fluctuación de peso. No me daba cuenta en aquel momento, pero es obvio que por entonces estaba haciendo ejercicio de manera compulsiva y, probablemente, sufriendo un trastorno de alimentación.

Desde entonces he revisado el tiempo que debería dedicarle a ir al gimnasio y he trabajado en terapia cómo controlar la manera problemática en que veo mi propio cuerpo. Y aún así es muy difícil seguir haciendo deporte cuando tienes cualquier tipo de problema con tu imagen. Y esto es porque la gente que padece trastornos de alimentación o que practica ejercicio compulsivamente ve la actividad física de una manera totalmente diferente que aquellos que tienen una relación sana con sus cuerpos. “Para la gente que no ha experimentado ningún problema con su imagen o con la comida, el deporte es algo que te hace sentir bien, con lo que puedes perder algo de peso de manera saludable, estar más fuerte, tener más confianza o ponerte a prueba a ti mismo", apunta Dani Tsukerman, el fundadora de Very Personal Training. Pero, añade, para alguien que ha experimentado alguno de esos problemas, "el ejercicio se convierte en algo muy ligado a su valor como personas, y no es algo que practiquen para sentirse bien".

Añade la Dr. Ariela Vasserman, psicóloga: “La gente con trastornos de alimentación y que practica ejercicio de manera excesiva tiende a sentirse angustiada, frustrada y enfadada si un día no puede hacer deporte". Entrenar no es algo que les lleve a sentirse más sanos, sino “a mejorar su aspecto externo y deshacerse de sentimientos negativos, casi como un adicto con las drogas o el alcohol".

Y, de hecho, incluso cuando la gente se está recuperando y ha conseguido volver a controlar su desorden alimenticio, puede ser difícil volver a ver el ejercicio de manera positiva. Para los deportistas compulsivos, explica Tsukerman: "Su obsesividad les dice que es una idea genial y que es lo que le va a hacer sentir por fin bien consigo mismos, incluso se imaginan cómo va a ocurrir, y se motivan y emocionan ante la idea de que eso ocurra. Esto les hace sentir eufóricos y llenos de energía, porque sienten que controlan". Pero ese sentimiento de control no dura siempre, y después de un tiempo “esa sensación puede empezar a controlarte a ti".

Claire Mysko, la directora de la Asociación Nacional de Desórdenes Alimenticios de Estados Unidos, también apunta que "el relato en torno a hacer deporte puede ser más dañino que el ejercicio en sí mismo", y señala que "muchos perfiles de Instagram comparten hashtags como 'thinspiration' (un término que mezcla thin -delgado- con inspiration -inspiración-) o 'fitspiration' (de fit -en forma- e 'inspiration') que promocionan comportamientos poco saludables y expectativas no realistas sobre estándares corporales". Tsukerman añade que este tipo de forma de pensar es común en muchos gimnasios: “Se venden de manera subliminal un montón de mensajes negativos, y se hace de manera que pienses que es 'normal'", explica, y pone de ejemplo frases como 'operación bikini', 'abdominales six pack' o 'strong is the new sexy'.

Para aquellos que luchan por superar un trastorno de alimentación, tener una visión negativa de su cuerpo puede impedir que vuelvan a hacer deporte. La importancia de la opinión de los demás unido a su propia visión sobre su figura les imposibilita practicar ejercicio delante de otras personas. "Pueden surgir sentimientos de vergüenza o ansiedad, o les puede parecer que resultan ridículos o que los demás les están juzgando, o que su aspecto no es tan bueno como el de los otros, así que no quieren enfrentarse a ese tipo de ambientes", cuenta Tsukerman. Todas esas potenciales fuentes de inseguridad, vergüenza, incomodidad o pensamientos nocivos convierten el proceso de empezar a hacer ejercicio de manera sana en algo muy complicado. Es posible, aún así, pero conlleva mucho autocuidado.

Todo el mundo con el que he hablado coincide en que es vital empezar el proceso con un profesional cualificado, y utilizar toda su experiencia como un recurso mientras continúas en ese camino. Si estás interesado en aprender cómo hacer ejercicio de manera saludable, Mysko comenta que la mejor manera es trazar un plan con tu terapeuta y "comprobar si el ejercicio que estás haciendo te ayuda a acelerar tu recuperación". Tsukerman recomienda buscar, siempre que sea posible, un entrenador informado sobre los trastornos de alimentación, el ejercicio compulsivo y los problemas de imagen. Alguien que comprenda todo esto "te ayudará a marcarte objetivos realistas, para empezar, y a reformular la manera en la que ves el ejercicio". Vasserman ratifica todos estos consejos y apunta: "con la ayuda de profesionales, se puede empezar despacio y gradualmente ir desarrollando una relación sana con el deporte".

Hay muchas cosas que evitar en un gimnasio cuando sufres problemas con la alimentación. “Una de las cosas principales es la báscula", advierte Tsukerman. "Porque mucha gente basa su autoestima en el peso, y eso puede ser muy peligroso". Conocerse a uno mismo es extremadamente necesario también. "Saber cuáles son las cosas que te afectan y tus patrones de comportamiento y trazar un plan para cuando te enfrentes a lo que te debilita". Vasserman dice que entender el deporte como "una manera de desafiar algunas de las asociaciones disfuncionales y los problemas con la pérdida de peso y la imagen corporal" puede ayudar a hacer tu visión sobre el ejercicio más positiva.

Es básico no perder de vista lo que te está motivando a ir al gimnasio y asegurarte de que lo estás haciendo por las razones adecuadas: "Si vas porque te sientes culpable por algo que comiste anoche, o porque sabes que te vas a sentir mal si no entrenas, entonces enfréntate a ese sentimiento y no hagas ejercicio. Siéntate, sufre esas emociones y déjalas pasar y verás cómo has sobrevivido y nada malo ha pasado", aconseja Tsukerman. Esto puede ser duro y no va a cambiar de manera inmediata tu manera de pensar, pero "cuanto más lo pongas en práctica, más verás el equilibrio".

"Es importante tener un programa individualizado de reintegración en el ejercicio para aquellas personas que han tenido problemas con el ejercicio o la alimentación", cuenta Vasserman. Pero para aquellos que no tienen acceso a profesionales de la salud mental también hay opciones. Si atendemos al tipo de ejercicios que más pueden ayudar, Tsukerman desvela que los mejores son los que "te hacen más consciente de tu cuerpo e implican más lentitud y atención" en los movimientos. “Con cada movimiento tienes que asegurarte de notar cada parte de tu cuerpo implicada y darte cuenta de cómo te sientes", cuenta. “Está bien tomárselo con tranquilidad". La psicóloga sugiere "una intensidad menor, ejercicios anaeróbicos combinados con prácticas de mindfulness" para aquellas personas que están retomando el ejercicio.

Tsukerman señala que las personas que han sufrido problemas alimenticios son más proclives a obsesionarse con el ejercicio y tienen que luchar de manera activa para evitar esto. "Estas personas tienen que intentar no contar el número de repeticiones y permitirse parar una rutina cuando lo necesiten", advierte. La experta explica que es normal "descubrir que estás intentando acelerar el ritmo o aumentar el ritmo de las pulsaciones", pero es vital entender que el ejercicio pretende "despertar el cuerpo y la mente" más que quemar calorías. Y conviene no obsesionarse con ello. "Mantener el deporte como algo divertido y disfrutable es importante cuando vuelves a practicarlo y quieres que sea de manera sana", apunta Vasserman.

Todas las expertas están de acuerdo en que lo más importante a tener en cuenta es que hacer ejercicio no despierte impulsos negativos y que sea por las razones adecuadas. Entrenar debería hacerte sentir mejor contigo mismo, no peor.


Contenido publicado originalmente en Nylon US.
Traducción: Laura Caso.