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¿Por qué beben alcohol las mujeres? El testimonio de una periodista

Social

Sarah Hepola es una periodista estadounidense que se lo bebió todo durante una etapa en su vida. Tras superar su alcoholismo, publica 'Lagunas'. Un libro con el que, a través de su experiencia, podemos ahondar en por qué bebemos alcohol las mujeres.

Sarah Hepola es periodista y ha colaborado con The New York Times Magazine, Glamour, Elle, o The Guardian. Una posición muy atractiva, diréis. Pues la verdad es que sí. Además de ser una periodista exitosa, también hubo una (larga) etapa en su vida en que se lo bebió todo. Lo cuenta en Lagunas, el libro que publica en España la editorial Pepitas de Calabaza.

portada del libro de Sarah Hepola

Una obra que le sirve de exorcismo a la escritora, y en la que elabora argumentos a partir de sus propias anécdotas que le llevan a encontrarse de bruces con el consentimiento, con la cultura de la violación, con el feminismo como salvación y con el heteropatriarcado como común denominador. Real como la vida misma.

Empecemos por el título: contar la historia propia centrándose en lo que no se recuerda. A causa del alcohol, por supuesto, y con un coste vital muy alto. La periodista bucea por sus lagunas y une los puntos entre sí, como si de uno de aquellos juegos de pasatiempos se tratase. El título en inglés ya habla por sí solo: Blackout. Juergas locas, cenas que se van de madre, ser divertida, pasarlo bien, desinhibirse, liarla, llevar una vida desenfrenada, y hacer todo lo que supuestamente apetece y corresponde a una persona cool. "Sentirse joven y superior, no vieja y vulgar", llega a mencionar la autora, consciente del profundo calado que tuvieron en ella los estereotipos aplicables a su existencia y a un estilo de vida que parecía corresponderle.


"Bebía para ahogar esas voces porque deseaba tener la valentía de una mujer sexualmente liberada. Quería liberarme de mis conflictos personales con la misma facilidad que parecían mostrar mis amigos. Así que bebía hasta llegar a un lugar en el que me daban igul, pero me despertaba siendo una persona que se preocupaba mucho. Muchos síes de viernes por la noche se convertían en noes los sábados por la mañana. Mi lucha con el consentimiento estaba dentro de mí".

Y es que beber mola: así nos lo han hecho saber a muchas desde muy temprana edad. Y si no que se lo digan a vuestro yo adolescente. "Durante un tiempo, beber era como pertenecer a una sociedad clandestina. Aparecía en una casa lujosa de la parte rica de la ciudad cuando los padres estaban de vacaciones y acababa enfrascada en una profunda conversación con un fumeta de mi clase (...). Cuando la gente me preguntaba de qué nos conocíamos, me limitaba a dar una respuesta evasiva: 'Ya sabes, de por ahí'. La bebida propiciaba relaciones inverosímiles. Diluía las jerarquías sociales que nos habían tiranizado durante un tiempo. Era como una versión casera de El club de los cinco", narra Hepola en el libro.

Ser fuerte, ser libre, ser segura, ser SuperWoman, ser todo eso que tenemos-que-ser. Y, por tanto, olvidar que tenemos momentos de debilidad, que nos duelen los ovarios, que la industria del cánon de belleza femenino a cumplir nos bombardea cada minuto de nuestra vida, que tenemos el culo demasiado (________ inserte su complejo aquí), y que no queremos ni podemos cumplir con todo lo que la sociedad nos tiene asignado a las mujeres: ser bellas pero no presumidas, ser eficientes pero cobrar menos y sin quejarnos, ser listas pero discretas, ser dulces y no demasiado directas, ser complacientes pero a la vez libres...

"Había querido que el alcohol me diera valor, pero cuando llegué a la mitad de la treintena estaba asustada a todas horas. Asustada de lo que había dicho o hecho durante mis lagunas. Asustada de tener que parar. Asustada de vivir sin alcohol, porque la bebida había sido mi herramienta más fiel". Hepola cuenta magistralmente y sin rodeos cómo es beberse la presión, las dudas y el estrés, y se pregunta si la vida no debería ser un lugar en el que no haga falta estar pedo para poder disfrutarlo.

Pero claro, para eso es necesario vivir con la sinceridad por delante, sin poner excusas, y dejar de fingir que somos otras personas "porque cuando no quieras seguir actuando, tendrás que esconderte", explica en Lagunas. Y es que ser dueña de los propios sentimientos, de la rabia irracional o del escepticismo… no es fácil. Dejarse llevar por ríos de inconsciencia es demasiado sencillo. Ambas cuestiones son difíciles de encarar, y contra ambas se enfrenta Sarah Hepola en su magnífica autobiografía repleta de reflexiones que todas tenemos derecho a plantearnos:

"Las noches que no consigo recordar son las noches que jamás olvidaré".

"Me bebí todo lo que me hacía humana, y sabía que eso era una equivocación (...) Perder el relato de mi vida era un absoluto error".

Y perderse esta lectura, también.




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