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Así funcionan los PUNTOS VIOLETA contra la violencia machista de los festivales y las fiestas de barrio

Social

Hemos pasado una noche de fiesta en uno de los puntos violeta que cada vez vemos más en los festivales para conocer, en primera persona, cómo funcionan y qué problemas relacionados con agresiones y violencia machista tratan...

Junto con los escenarios para los grupos de música, los puestos de comida de partidos o asociaciones, el espacio para el SAMUR y alguna que otra atracción, es cada más frecuente ver en festivales y fiestas de barrio unas casetas que atienden, en su mayoría, a mujeres: son los puntos violeta. Hemos pasado una noche de unas fiestas en uno de ellos para ver de qué se trata.

Es viernes a las 19:30 de la tarde en el parque Rodríguez Sahagún de Madrid. Son las fiestas del distrito de Tetuán, que coinciden con las del Orgullo, y hace apenas 24 horas que se ha sabido que el ayuntamiento ha cancelado el concierto de Def con Dos; ya nadie espera que venga mucha gente.

Hay casetas de partidos en las que pronto se empezarán a asar chorizos, morcillas y panceta, y también habrá opciones menos castizo (thanks, Good!) como hummus y hamburguesas veganas. Algo apartada de todo el jolgorio, en el camino que lleva a los baños, hay una carpa de tela morada al que acaba de llegar un grupo de voluntarias de la asamblea feminista de la zona, Feminismos Tetuán. Es el punto violeta: un espacio informativo sobre violencia machista y al que cualquier mujer que vaya a las fiestas y sienta miedo, la molesten, agredan, o simplemente quiera informarse, puede acudir a él en busca de ayuda de otras mujeres. Normalmente están gestionados por voluntarias de colectivos feministas pero hay que solicitar el espacio a la autoridad (ayuntamiento, para fiestas municipales; organización, en el caso de festivales).

Por ahora hay tres voluntarias. Abren las cremalleras que cierran la carpa, recolocan la mesa que hay dentro y comienzan a pegar los carteles que han traído: «Barrios por los buenos tratos», pone en uno, adornado con dos corazones; «Madrid libre de violencia» se lee en otro, dentro de una boca abierta con los labios pintados de rosa. Es cartelería de la (anterior) alcaldía. «Pues la quieren cambiar porque les parece demasiado agresiva», comenta una de las chicas (si esto parece too much, ¿qué pensarán de la vagina dentada de Miley Cirus?).

En la mesa colocan folletos informativos, chapas que han hecho ellas mismas para costear los folletos que han impreso y un juego que ha hecho Marta, una de las voluntarias. Es un verdadero/falso con afirmaciones del tipo: «Solo las mujeres jóvenes y bonitas son víctimas de acoso o agresiones sexuales». Y, al lado, se desdobla un papel en el que viene la respuesta correcta (ya sabemos que esta frase es súper falsa).

Las pioneras en esto de los puntos violetas son valencianas. El primero estuvo en el Festivern 2016, un festival que cada fin de año se celebra en Tavernes de la Valldigna (Valencia), y lo armó el colectivo Resistència Feminista València. «La idea del punto violeta viene con la necesidad de construir espacios seguros para nosotras, ya que por desgracia en las fiestas y festivales hay numerosos casos de agresiones machistas», explican. «Surge la necesidad de crear un punto al que puedan acudir las víctimas de estas agresiones, sentirse seguras y protegidas y buscar una solución para que no vuelva a ocurrir, que en la mayoría de los casos comienza por sacar al agresor del festival o fiesta».

Una situación así no solo es peligrosa para la mujer que la sufre directamente, sino también para las que van a ayudarle. Por eso, en el punto violeta de Tetuán se han organizado por turnos que siempre están compuestos por, al menos, cuatro voluntarias. En caso de que alguien se acerque a comunicar que se está produciendo una agresión, dos se acercan a ver qué pasa y otras dos se quedan en su sitio. Ser cuatro, como mínimo, también les permite salir a dar una ronda, brazalete o algún otro símbolo identificativo a la vista (pañuelo, camiseta o algún otro elemento del vestuario de color morado) para que se las reconozca.

Es importante tener cerca, por si fueran necesarios (ojalá que no) a SAMUR y Policía. Por eso, nada más empezar las fiestas en el parque, dos de las chicas van a comunicar al servicio de urgencias médicas y a la autoridad, que están allí. «Hola, somos voluntarias del punto violeta», les dice una de ellas a tres policías (dos hombres y una mujer que están en corrillo). «Si hubiera alguna agresión a una chica esta noche, podéis acercaros allí (señala el punto) para que os acompañemos y podamos ayudarla entre todos. ¡Pero ojalá no haga falta!». Las fuerzas de seguridad apenas contestan, con cara de: «Claro, claaaro…».

«Con la Policía y SAMUR, por fortuna, no hemos tenido que contactar muchas veces», cuentan desde Resitència Feminista. «Con las que hemos tenido más problemas es con las empresas de seguridad contratadas, ya que son los responsables de tirar al agresor del festival y, en algunos casos, se han negado porque "no había suficientes pruebas"».


Llegan a reforzar el punto cuatro personas de Voluntarios Madrid: tres mujeres y un hombre, y una psicóloga de Fundación Aspacia: una ONG que da formación a las voluntarias para atender el stand violeta. Además trae más juegos, uno para derribar mitos sobre la violencia machista y otro sobre el consentimiento, y un Photocall personalizado.

Pasa un señor(o) junto a la carpa, que mira y remira. Avanza unos pasos, manos colgadas en la espalda a la altura de los riñones, y se gira de nuevo a mirar. Repite el ciclo hasta que desaparece de vista. En el punto, una de las voluntarias dice a las demás: «A los señores se les sonríe y nada más».

Feminazi es lo más suave que les han dicho a las profesionales de Aspacia que han estado en puntos violeta hasta bien entrada la madrugada, cuando ya solo quedan señoros jóvenes y las fiestas se parecen a un capítulo de The Walking Dead.

Pero esta tarde y esta noche son tranquilas. Se acerca una mujer con dos niñas gemelas.

-¿Tenéis pegatinas?
-No. Somos un punto violeta, informamos sobre…
-¿Qué podéis darme?
-Unas chapas para concienciar contra la violencia machista…
-Ya, ya, venga, dámelas. Pero iguales, que luego una quiere lo que quiere la otra y se pelean.
Coge lo que ha venido a buscar y se va.
Se acerca otra señora, acompañada de su perro.
-¿Tenéis el programa de las fiestas?
-No, este es el punto violeta, aquí informamos…
-Ya, ya lo conozco. ¿Y dónde puedo encontrarlo?
-No sabría decirle…

Igualmente da las gracias mientras trata de leer, sin tocarlos (¡son lava!), los folletos de la mesa y se va lentamente. Al rato viene una pareja joven y se anima a probar todos los juegos. ¡Se saben todas las respuestas a la perfección! «El silencio no es consentimiento», «Los hombres que ejercen la violencia contra las mujeres no son monstruos». Las voluntarias de emocionan. ¡Y antes de irse les compran chapas! Doble emoción para las voluntarias.


"Hay muchas más agresiones de las que la gente cree: desde agresiones verbales hasta intentos de violación", explican desde el grupo pionero de Valencia. Para evitar que se llegue a las agresiones, una de las funciones de las voluntarias es de la de informar.

Según el Balance de Criminalidad 2019 del Ministerio del Interior, entre enero y marzo se registraron, tan solo en localidades y provincias con más de 30.000 habitantes, 1.131 delitos contra la libertad e indemnidad sexual. Amnistía Internacional coloca a nuestro país en el puesto 25 en cuanto a denuncias presentadas por violencia machista, de un total de 32 países europeos. El año pasado hubo 1.702 denuncias por violación (unas 5 al día) y, según la Macroencuesta sobre Violencia contra las Mujeres (realizada en 2015), casi el 14% de las mujeres ha sufrido algún tipo de agresión sexual durante su vida. Si hacemos el cálculo, son más de tres millones de mujeres y niñas. Si seguimos echando cuentas, el resultado es que hay pocas denuncias.

¿Quieres organizar un punto violeta en las fiestas de tu pueblo o barrio?

Por un lado, habla con tu junta de distrito o ayuntamiento. Y, si tienes ganas, habla con tu asamblea feminista, tus amigas o quien creas que puede estar interesada. Lo importante es no tener miedo de hacerlo, señala el colectivo Resistència Feminista València, que aconseja a todas las mujeres que quieran hacer este voluntariado:

"Que den el paso, ya que por desgracia es algo necesario en todas las fiestas y festivales. Les recomendamos que se junte más de un colectivo y que animen a gente que no esté en ninguno a que se una también a colaborar en el punto violeta. Hay que organizarse con antelación para poder estructurar bien los turnos. También es necesario intentar contactar con la organización del festival o fiesta, ya que esto facilitará muchas cosas como que dejen poner el punto violeta dentro del recinto y tener contacto directo y autorizado con la seguridad contratada".

Y, si quieres, tienen un protocolo general que, si les escribes, te lo envían porque, cuantas más seamos, a más mujeres ayudaremos. Y recuerdan: "¡Ninguna agresión machista sin respuesta!"



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