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No nos extraña que ELSA SCHIAPARELLI sea todo un icon del S.XX (y no solo en la moda)

Desfiles y diseñadores
Ilustración: Jorge García Redondo

Elsa Schiaparelli posó para Man Ray, es verdad, pero no nació para ser la musa de nadie, si no para ser la autora de su propia historia. Recordamos a la gran dama del surrealismo, su choque con Coco Chanel (pseudónimino de Gabrielle Chanel) y la huella inigualable que ha dejado esta icónica diseñadora en la moda del S.XX.

OK, estamos de acuerdo en que Beyoncé y Rihanna son las mujeres más influyentes en la industria de la moda de 2019, pero es que ha habido más icons antes, aunque ahora nos parezca que no hay nada más allá de estas dos divas. Por ejemplo, Elsa Schiaparelli (Roma, 1890 – París, 1973). Esta diseñadora ha pasado a la historia de la peor manera en que una artista puede hacerlo: por su cacareada rivalidad con una homóloga (Coco Chanel) que, a la postre, tuvo más éxito que ella en términos comerciales. Al menos, post mortem. Aunque quizás, en algún lugar, eso no sea lo único que importe.

Coco Chanel vs. Schiaparelli

Su choque frontal con Coco Chanel, con quien se disputó el liderazgo de la Alta Costura en el periodo de entreguerras, se cuantificaba en 2018 en diez mil millones de euros de facturación de la casa que durante décadas capitaneó Karl Largerfeld frente al elocuente silencio de la junta directiva de Schiaparelli respecto a sus cifras de venta. Claro que la casa Schiaparelli no es Elsa Schiaparelli, y la casa Chanel no es (obviamente) Gabrielle Chanel. Si hablamos en números, parece que poco hay que discutir. En el plano cualitativo, sin embargo, las cosas no están tan claras, como ya te veníamos avisando. Y es que Elsa fue mucha Elsa...;)

@ movieidolmiller / Instagram

Como casi siempre ocurre, la mano que mece la cuna tiene su peso. Frente a la una vez mísera madame Chanel, ejemplo de superación neoliberal de la que cualquier defensor del sueño americano mataría por apropiarse, Schiaparelli, fruto de la unión entre un catedrático de antropología y una aristócrata napolitana, se crió entre almohadones de plumas y enseres art déco en el palacio Corsini de Roma. A priori, su acomodado destino habría sido reposar sobre un diván y jugar a la canasta con otras personalidades de alta alcurnia, pero ella no tardó en tirar la baraja sobre la mesa.

La biografía de Elsa Schiaparelli: una mujer noble que se hizo a sí misma

¿Acaso en los albores del siglo XX se veía con buenos ojos que una mujer noble eligiera vivir su vida (que diría Godard) rodeada de bohemios surrealistas que estaban dinamitando los postulados del mundo del arte? ¿Acaso era aceptable para alguien de su posición liarse el retal a la cabeza e invertir su tiempo en ese vulgar hábito llamado trabajo? Y sobre todo: ¿acaso ella no se hizo a sí misma? Su biografía contesta a esta pregunta por sí misma.

@ vintageklunseren / Instagram

Fascinada desde su más tierna infancia por la astronomía, los ritos religiosos y las culturas ancestrales que veía en los libros y manuscritos de su padre, su primera serie de poemas, basados en el mito griego de la caza, alarmó de tal manera a las sensibilidades conservadoras que sus progenitores optaron por enviar a la joven Elsa a un convento con el fin de enderezar sus tendencias sibilinas. Un par de altercados y una huelga de hambre le bastaron para conseguir su expulsión.

¿Sabías que Elsa Schiaparelli evitó un matrimonio concertado?

Decidida a evitar a toda costa su regreso al seno familiar, ejerció de cuidadora en un orfanato y evitó un matrimonio concertado con un acaudalado noble ruso huyendo a Londres. Allí conoció al que sería su marido, un embaucador parapsicólogo con ínfulas académicas con el que llevaría una vida itinerante entre Francia, Londres y Estados Unidos durante diez años y que, cuando Elsa contaba veintitrés, le daría una hija que supondría el punto final de su relación. A su regreso a París, su afinidad con el imaginario surrealista cimentaría su relación con Frances Picabia, Marcel Duchamp, Alfred Stieglitz, Edward Steichen, Dalí o Man Ray, junto a quienes firmaría algunas de sus más célebres colaboraciones.

Schiaparelli no había nacido para ser la musa de nadie

\u200bbiografia elsa schiaparelli coco chanel Ilustración: Jorge García Redondo

Schiaparelli posó para Man Ray, pero ella no había nacido para ser la musa de nadie. Corría el año 1926 cuando fundó su propia casa de moda. Ya en los años 30, su éxito la llevaría a trasladar su taller al 21 de Place Vendôme; a la Schiap Shop, como se la conocía popularmente, acudían con regularidad estrellas como Marlene Dietrich, Mae West, Katherine Hepburn o Lauren Bacall y socialités como la duquesa de Windsor. Para entonces la misma Elsa era ya una celebridad y brillaba con luz propia tanto en su atelier como en las fiestas de alto copete de la exquisita Rive Gauche. La procesión iba por dentro: en su autobiografía 'Shocking life', publicada en 1954, Schiaparelli se referiría al diseño de moda como "un arte antes que una profesión, pero más difícil y menos gratificante, porque en el momento en que un vestido ve la luz se convierte en algo del pasado".

Diseños míticos: el vestido langosta, el vestido escritorio...

Modelo con un diseño de Elsa Schiaparelli. Foto tomada por Regina Relang, 1951@ clovis_sangrail / Instagram

La historia le ha llevado la contraria. Casi un siglo después, prendas como el vestido langosta (en portada una recreación) o el zapato-sombrero que diseñó para Gala Diakonova (otra mujer destacable del surrealismo) durante su matrimonio con Salvador Dalí, siguen formando parte del imaginario colectivo. Inspirados por el genio de Figueras, míticos son también el vestido escritorio y el vestido esqueleto: con Schiaparelli, el surrealismo se llevaba puesto.

Zapato-sombrero @ thefifearms / Instagram

Apasionada de las prendas reversibles (por eso de que en su imaginario toda realidad es, como mínimo: dual) y del trampantojo, que le permitía crear realidades paralelas sobre plano, vertió sobre punto una lluvia de manos, cuellos bobo y motivos iconográficos (por ejemplo: labios y siluetas de mujer) en seductores juegos ópticos, como el célebre "¿es beso o copa?", que hoy siguen teniendo sus réplicas en un puñado de casas de moda de cuyos nombres el decoro no quiere acordarse.

Colecciones inspiradas en su afición por la astronomía

Su afición por la astronomía, el esoterismo y el ocultismo quedó plasmada en sus colecciones 'Zodiac' (1938) y 'Le Cirque', cuya presentación a cargo de trapecistas y funambulistas la convirtió en precursora del desfile de moda. Suyo también es el wrap dress, probablemente la apropiación cultural (vía Diane Von Furstenberg) más maquillada de la industria.

Que las culturas se mezclen y se fundan mola. Pero robar a una sociedad parte de su cultura y llevarla al terreno de la moda de lujo o al fast fashion sin respetar el trabajo de los artesanos no mola nada. Eso es apropiación cultural... Y por supuesto, en NYLON te contamos cómo identificarla y aprender a evitarla.

Naturalmente excéntrica, superlativa y aficionada a los excesos, entre sus méritos figura también burlar la Ley Seca con el "speakeasy dress", un vestido de cóctel con bolsillo oculto hecho a medida de la petaca, y la creación del "shocking pink", un fucsia arrebatador que la diseñadora presentó en 1936, un revulsivo en toda regla frente a la latente Segunda Guerra Mundial.

Todo tiene un fin...

Desafortunadamente, la historia de Elsa Schiaparelli es de las que ilustran que todo lo que empieza tiene un final. Cuando la italiana (como la conocían en París) volvió de su exilio forzoso en Nueva York, las afinidades electivas habían virado hacia la feminidad clásica y decorosa de Christian Dior, la nueva estrella de la moda en la capital francesa. En 1954, la casa Schiaparelli se declaraba en bancarrota. En 2013, un puñado de accionistas anunciaron un comeback de la Alta Costura de la casa que, si bien sostenido en este último lustro, no ha conseguido (ni de lejos) acercarse a la seductora vitalidad de su fundadora. Puede que ahí radique la victoria póstuma de Elsa: al contrario que el de Coco Chanel, su legado es inigualable.