CERRAR
MENÚCERRAR

CAMP o el arte de dignificar el mal gusto

Tendencias y estilo
Getty

Toda nuestra cultura está impregnada de ese arte de dignificar lo que se consideraba antes "mal gusto", de CAMP. Diseñadores como Elsa Schiaparelli o Jean Schlumberger contribuyeron a alimentar ese universo. Pero la estética del artificio por antonomasia, pero su complejo y amplio significado sigue siendo una incógnita para muchos. Analizamos los conceptos básicos.

El gusto camp va al encuentro del feísmo ingenioso (que triunfa ahora con artistas como Billie Eilish y Rosalía), de una opulencia socarrona y sin medida entendida como un gesto de liberación que se contrapone a la aburrida y retraída distinción de lo políticamente correcto.

Camp: el arte de dignificar el mal gusto

Hubo un tiempo en que la moda aparcó su carácter meramente utilitario para convertirse en el perfecto compañero de crimen de la faceta más hedonista y decadente del alma humana: eso es camp. Luis XIV, María Antonieta y toda la parafernalia que rodeó los años de Versalles tuvieron buena culpa de ello.

historia camp tendencia mal gusto Carmen Miranda en A la Habana me voy Getty

Vestidos pomposos bordados en oro, abanicos extragrandes con varillas de marfil, los famosos pouf (pelucas de hasta tres palmos de alto ornamentadas con todo tipo de abalorios), telas suntuosas y una clara tendencia al rococó más letal en todas sus formas no solo cambiaron la noción de "indumentaria", sino que sentaron las bases de algo mucho más grande: un nuevo concepto estético basado en la opulencia, el artificio y la hipérbole estilística que se teorizaría un siglo más tarde y que en la actualidad sigue escandalizando a los guardianes de la alta cultura y otros mojigatos.

¿Pomposo? ¿Superficial? ¿Frívolo? Mejor, llámalo camp. Pero ojo, que nadie se llame a engaño. A diferencia de lo que se conoce como "kitsch"–cuando el mal gusto nace desde la más absoluta inconsciencia–, la corriente camp abraza la ostentación y el exceso desde la ironía y el sentido del humor. Un "más es más", pero con cabeza.

Siglos de historia

historia camp tendencia mal gusto Camp: Notes on Fashion, exposición MET

Cuentan los archivos históricos que la primera vez que se utilizó este término fue en el siglo XVII, cuando al mismísimo Molière se le ocurrió recurrir a él como sinónimo de un acto cómico y teatral. La forma elegida por el francés fue se camper, verbo que en castellano equivale a posar de manera exagerada. Aunque fue Oscar Wilde el primero en desarrollar una teoría consciente acerca de esta peculiar idiosincrasia, tuvieron que pasar cien años para que Susan Sontag arrojara en su esclarecedor ensayo 'Camp: Notes on Fashion' (1964) algo más de luz sobre un tema que todavía permanece difuso para muchos, aunque en el último año ha estado en boca de todos a raíz de la exposición homónima del MET del mismo nombre que ese ensayo.

Y a pesar de que ella misma solía decir que "hablar sobre el camp es traicionarlo", Sontag no se cortó a la hora de definirlo así:

"El amor a lo no natural, al artificio y a la exageración.[...] Camp es una mujer paseándose con un vestido hecho con tres millones de plumas".

Camp en películas, cómics, obras de teatro, literatura y canciones

historia camp tendencia mal gusto Fotograma de la película Las aventuras de Priscilla, reina del desierto

Ceñirse a la moda cuando se habla de camp sería, precisamente, aniquilar de un plumazo una sensibilidad estética que lleva décadas manifestándose (en películas, cómics, obras de teatro, literatura y canciones) con argumentos, tramas y escenografías que combinan deliberadamente elementos de teatralidad, parodia y sarcasmo. Desde el Art Nouveau a John Waters o La Lupe, pasando por las drag queens, la novela romántica o la película 'El Mago de Oz' (con Judy Garland como la inolvidable Dorothy Gale), la lista es casi interminable.

historia camp tendencia mal gusto El Mago de Oz Getty

Como decíamos, si 2019 ha sido el año en que el camp ha hecho furor ello se debe a la muestra que el MET ha dedicado a esta estética entre sus paredes y en su esperadísima gala anual, donde la flor y nata del star system rindió homenaje a tan irreverente estilo ataviada con extravagantes y estrambóticos diseños, con la famosa cena surrealista de Dalí resonando en el subconsciente. Porque aunque algunos se resistan a admitirlo, también el figuerense tuvo su faceta camp.

historia camp tendencia mal gusto Katy Perry- Gala Met 2019 Getty

Más allá del artificio: camp, activismo gay y lucha de clases

La sobreactuación y la artificialidad construidas sobre un discurso humorístico y petardo que caracterizan al al camp han hecho que a menudo este movimiento se relacione con un rol muy frecuente en el colectivo gay y los locales de ambiente. La propia comunidad LGTBIQ+ se sintió excluida cuando, a raíz del ensayo de Sontag, el concepto empezó a ganar terreno en la cultura popular durante los años 60. La razón de este malestar fue la sensación de que teóricos y ensayistas estaban banalizando una expresión que para el colectivo gay que precedió a los sucesos de Stonewall había sido lo más parecido a un código identitario, un lenguaje secreto con el que comunicarse en un país (Estados Unidos) donde mantener relaciones con una persona del mismo sexo siguió siendo ilegal hasta cuatro décadas más tarde.

historia camp tendencia mal gusto The Rocky Horror Picture Show Getty

Más allá de una vía de integración social del movimiento LGTBIQ+ en la cultura de masas, la estética del artificio sirvió para caricaturizar a las altas clases conservadoras, incorporando gestos y maneras perfectamente reconocibles en ellas de modo denigrante y caricaturesco. El mero hecho de que un homosexual se llame a sí mismo "marica" revela el carácter transgresor y burlón de lo camp, cuyos orígenes se remontan a tiempos donde la libertad era una prerrogativa exclusiva del hombre blanco heterosexual. La transcendencia de la aportación LGTBIQ+ en el movimiento fue tal que contó con un género literario propio, el pulp gay (novelas baratas de consumo rápido con relatos sexualmente explícitos), con autores como Lou Rand o Don Holliday (alias de Victor J. Banis), que hablaban de relevantes figuras sociales encerradas en el armario y contextualizaban sus historietas en clubes de ambiente de la época.

historia camp tendencia mal gusto The gay dogs, libro de Don Holliday

Pero esta sorna hacia las clases privilegiadas no solo se dio en los bajos fondos de San Francisco, sino también en campos como el burlesque, que se hizo valer del pastiche, la sátira y el humor negro para ridiculizar elementos enaltecidos por la sociedad de consumo. Por ejemplo, tomar vino barato en un antro con una boa de plumas al cuello es algo muy camp. Una partida donde la vulgaridad y lo marginal ganan por goleada al establishment, la corrección y el buen gusto.

Según Sontag, las experiencias de lo camp se asientan sobre la idea de que "la sensibilidad de la alta cultura no posee el monopolio del refinamiento". En otras palabras: el camp defiende que el buen gusto no es simplemente buen gusto, sino que, como decía Jean Genet en Notre-Dame des Fleurs, existe también un buen gusto del mal gusto.

El reinado del más es más

Si la definición de camp ya implicaba en sí misma una provocación deliberada, subversiva y contracultural, en el último cuarto del siglo pasado la moda terminó por dotarle de una esquizofrenia estética que perdura en nuestros días. Caben en el cajón de sastre camp el memorable vestido de cisne de Marjan Pejoski que lució Björk en la gala de los Oscar de 2000, los abrigos con perritos de peluche firmados por Jean-Charles de Castelbajac y las hilarantes propuestas fashionistas de "Why don't you?", la columna desde la cual la editora y comisaria Diana Vreeland, una institución de moda en sí misma, llamaba a la mayor de las frivolidades. Su lema: "Si no está de moda, fantaséalo".

historia camp tendencia mal gusto Bjork con el vestido cisne de Marjan Pejoski en los Óscar 2000

Aunque el curso de la historia nos haya vuelto casi inmunes a outfits que hace veinte años habrían hecho llevarse las manos a la cabeza a más de uno, en la última década la desmesura camp se ha hecho con un lugar privilegiado en la pasarela y la alfombra roja de las citas más punteras de la moda. El propio Demna Gvasalia, director creativo de Balenciaga y alma mater de Vetements, es hoy uno de sus referentes más sonados, con un estilo que amplifica la tendencia hasta límites incalculables, rozando el feísmo y, digámoslo alto y claro, un pretendido mal gusto que aterriza en nuestras pantallas digitales convertido en auténtico objeto de deseo y epítome de lo cool.

Al georgiano se le suman nombres como Iris van Herpen (pocas cosas tan camp hemos visto este año como Céline Dion con un vestido acordeón de la diseñadora holandesa), John Galliano y el peculiar carnaval de formas y colores de la colección de Maison Margiela para la primavera de 2019. Sin olvidar a Rei Kawakubo, que rinde homenaje al camp en la última colección de Comme des Garçons, con la que escribe un nuevo capítulo en esta estética de lo imposible.

Divas del mal gusto, iconos y reinas de lo plástico

Andy Warhol, Cher, Divine, Liza Minelli, RuPaul, Elton John, Carmen Miranda, Freddy Mercury, Dolly Parton, Amanda Lepore o Lady Gaga, el gran icono camp de nuestros días. La lista de personalidades que han hecho de esta estética su personal modo de vida es tan extensa como polícroma.

historia camp tendencia mal gusto Desfile de Balenciaga en la Semana de la Moda de Paris Otoño/Invierno 2017/2018 Getty

Pero, si hubo alguien que reivindicó el carácter materialista y decadente del movimiento, ese fue el pianista estadounidense Liberace, a quien el director Steven Soderbergh inmortalizó de la mano de Michael Douglas en la brillante comedia musical 'Behind the Candelabra'. Pomposos y envolventes abrigos de piel, capas de armiño, alas gigantes doradas, looks de fantasía con explosión de purpurinas, lentejuelas y plumas, entre otras excentricidades, formaban el armario de este excéntrico icono pop. No es de extrañar que una de sus amigas íntimas fuera la mujer que en los 60 mejor encarnó la vulgaridad que esconde el sueño americano, la malograda actriz y cantante Jayne Mansfield.

El camp también ha tenido su lugar a este lado del charco. Los años de la Transición y el surgimiento de la Movida fueron el detonante para que muchos jóvenes de clase media y baja se apropiaran de elementos asociados a la gran cultura, incorporándolos así al underground. Algo que se hizo especialmente visible en el ámbito de la cultura: el camp se dejó ver en los abrigos de estampado animal de Tino Casal o en los coloristas lienzos de Las Costus, en las primeras cintas de Almodóvar (donde lo hortera tenía un matiz subversivo) y en los trajes de luces que Fabio McNamara lucía sobre el escenario.

historia camp tendencia mal gusto Madcool Festival 2019 WireImage

Hoy la historia se repite, aunque con nuevos matices: lo choni llega a nuestras vidas convertido en tendencia. El trap, Rosalía, los diseños de María Ke Fisherman y otros acólitos de la moda poligonera dejan entrever una clara vuelta a los principios más arraigados del camp: llevar a su terreno elementos dignificados por otras clases sociales. En este caso hablaríamos de "camp bajo", como bajas son las clases sociales cuyos elementos se explotan: el chándal, los aros XXXL o las toneladas de kohl en rabillo del ojo. Códigos que, una vez en mano de los que tripulan el barco de las tendencias, salen del barrio para adquirir el estatus de lo ortodoxo.



El bucket hat ha sido el gran hit de moda urbana del verano, tanto que ha dado el salto al lujo y se mantiene en las tendencias para este otoño 2019. Así lo dictan los grandes de la moda. Versátil y cool, este sombrero viene para quedarse, como mínimo, hasta el próximo invierno. Ya has sacado la chaqueta, ¿no? Pues ahora toca coger el gorro de pescador ;)