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Retornadas. Así es volver a tu país tras la MIGRACIÓN

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Si tienes una amiga o familiar que ha vivido en el extranjero recientemente y siempre acaba hablando del país en el que estuvo, no creas que está dándoselas de guay... Está pasando por el proceso de la readaptación tras la migración. Por eso las mujeres españolas retornadas se alían en colectivos que buscan reconocimiento y se dan apoyo al volver.

Si tienes una amiga o un familiar que ha vivido en el extranjero recientemente y en una conversación siempre acaba haciendo una referencia del país en el que estuvo, no creas que está fardando o dándoselas de guay... Está pasando por el proceso de la readaptación. Y, aunque no lo parezca, volverse a acostumbrar al país del origen es más difícil que adaptarse al nuevo destino. Volver es una decisión casi más complicada de tomar que la de irse.

Apoyo mutuo entre retornadas

Una es chilena y gallega; hay dos madrileñas, una mitad argentina y otra, brasileña; también llega una alicantina boliviana… Y van apareciendo otras chicas con dos identidades culturales: todas son españolas pero han pasado años (algunas, hasta 10) en otro país: Reino Unido, Chile, Argentina, Brasil, Francia... Son retornadas.

Toman asiento en los sillones y sillas dispares de la biblioteca de La Tabacalera, un centro autogestionado de Madrid en el que, desde hace ya un año y medio, se reúne este "grupo de ayuda mutua para emigrantes retornadxs". Hacen intercambio de información, se dan apoyo con la adaptación a la vuelta y tratan de buscar el reconocimiento como colectivo social.

Comparten algo muy typical spanish y que han echado de menos: unas bolsas de pipas, mientras se cuentan cómo están y ponen en común la tarea que tenían que traer hecha de casa: unas listas de necesidades y deseos.

El encabezado de una es: "No tengo y quiero". Y nombran un trabajo que no precario, acceder a una vivienda, comprensión parte de los demás de su proceso de retorno. En "Tengo y quiero" hablan de formación universitaria, educación y sanidad públicas, libertad para haber escogido el regresar.

Recuerdan cómo les extrañaba, al volver, la forma de hablar de sus colegas y familiares: no comprendían por qué de repente todo el mundo decía "Hasta nunki" o "Claro que sí, guapi".

Desde que empezara la crisis económica en 2008 la generación más preparada de la historia (la nuestra, se supone) empezó a migrar hacia otros países.

"Ante un horizonte falto de oportunidades laborales, un número cada vez más importante de personas españolas optamos por abandonar el país como alternativa al desempleo, trabajos precarios o prácticas profesionales indefinidamente prolongadas, donde la promesa de ser contratadas algún día hacía aguas a medida que pasaba el tiempo y menguaban las expectativas", señala Sara García, integrante del grupo de apoyo y psicóloga.

Además del subsidio para emigrantes retornados, lo que popularmente se conoce como ayuda al retornado y que consiste en alrededor de 400 euros (siempre y cuando se haya cotizado en el país de acogida) y del plan de retorno que el gobierno aprobó antes de las elecciones (criticado por colectivos como Marea Granate, red de migrantes españoles), las retornadas de Tabacalera echan en falta en ese plan y en el proceso de la readaptación al país precisamente lo que se proporcionan entre ellas: apoyo psicológico.

"Una vez que el emigrado ha experimentado una larga etapa (6-7 años) en el país de acogida", - sostiene el investigador Rubén Rodríguez en su tesis sobre la migración - "puede dar lugar a un alto grado de desvinculación con el modo de vida y las pautas culturales españolas, de tal modo que, cuando se produce una vuelta ocasional del emigrado, éste suele sentirse desconcertado y fuera de lugar".

Lara Valencia cuenta que estuvo en Reino Unido seis años y medio, aunque no se fue impulsada por la crisis: quería tener la experiencia de vivir fuera, aunque no contaba con quedarse allí tantos años. "Llegó un punto en que eché muchísimo de menos España. En el extranjero acabas relacionándote con personas que vienen de otro sitio, con lo que siempre tienen en mente marcharse a otro lado o volver a casa. Mi vida se había convertido en un ir y venir de muchas relaciones, con cada vez más inestabilidad emocional".

Sara saca un ordenador portátil y las demás preparan altavoces, más chucherías, otra apaga las luces de la sala: van a ver un documental titulado El tren de la memoria, sobre la población española que en los 60 migró a Alemania.

"Cuando vuelves, tienes un poco la cabeza allí", dice una de las entrevistadas. Y es el proceso inverso al marchar de nuevo a Alemania. La primera generación de migrantes "es la de los cuerpos partidos".

"El grupo surge de la necesidad de acompañarnos con el fin de facilitar herramientas entre nosotras para retomar o recrear nuestro proyecto de vida en el país de origen, reconocernos como colectivo social, problematizar lo común, construir nuestro propio relato acerca de la salida y de nuestro retorno, con un enfoque en salud colectiva frente a un problema común dado en un contexto socio histórico determinado", sostiene Sara.

Lara "quería darle una oportunidad a España" y regresó a Madrid. Estuvo buscando trabajo de algo muy concreto: de periodista. "En mi cabeza no entraba volver a España para trabajar, por ejemplo, de camarera. Es un trabajo que debería estar más dignificado". Para regresar y servir mesas, después de haber estudiado, prefería hacerlo en otro país y aprender idiomas.

Y es que la referencia a la salida de jóvenes se llegó a argumentar como respuesta al "impulso aventurero de la juventud", que dijo una ministra.

Según el Anuario de Estadísticas 2017 del Ministerio de Trabajo, ese año volvieron 63.983 personas, de la que más de la mitad (39.000) volvieron de países de Centro y Sudamérica, el regreso más numeroso de los últimos años. Sin embargo, a 1 de enero de 2019, según los datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), hay más de 2.500.000 españolas y españoles en el extranjero (un 2,5% más que el año anterior).

Tras la vuelta, Lara tenía sentimientos encontrados. "Estaba enfadada con España pero me daba pena no tener la oportunidad de volver por la puerta grande, con un empleo". Hace dos años, tras unos meses de desencanto, se puso en su camino un trabajo como freelance y decidió volver a marcharse: en esta ocasión, a Lisboa. "De momento, me voy a quedar una temporada más".


En la lista de las cosas que las retornadas de Tabacalera no tienen y no quieren, está el no tener que volver a migrar.